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domingo, abril 29, 2012

EL LIBRO NO MORIRÁ...

                      Fotografía: André Kertész



"Cuanto más se satisfagan con el tiempo ciertas necesidades populares de entretenimiento y enseñanza a través de otros inventos, más recuperará el libro su dignidad y autoridad": Hermann Hesse

Descrito con sutileza, maestría, talento, sabiduría, estima, y principalmente, amor por los libros. Una conversación fecunda y esperanzadora,  para quienes los libros son parte de su hábitat. El italiano Umberto Eco, escritor, filósofo, catedrático, ensayista, semiólogo; entabla un diálogo con el francés Jean-Claude Carrière, historiador, escritor, guionista de cine, y colaborador de Buñuel, moderado por Jean Philippe de Tonnac, el eje central: Los libros. Ilustrado por André Kertész, once fotografías adornan sus páginas.
“El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”, dice, Umberto Eco. A lo que responde Jean: "El cine y la radio, así como la televisión, no le han quitado nada al libro, nada que no pudiera perder "sin daños".
En su intenso recorrido nos llevan a sus gustos literarios, libros preferidos, anécdotas, sueños, los libros que quisieran leer, los incunables, sus principales enemigos, las nuevas tecnologías, entre otros...
Lo cierto, aunque el libro electrónico, el e-book, se imponga al libro impreso, no podrá echarlo de nuestras casas y de nuestras costumbre por ninguna razón.
La necesidad de guardar la información  en cd-rom, discos, usb, nos obliga a depender de la electricidad para acceder  a ellos, en cambio un libro lo podemos leer a la luz del día, de La Luna, de una vela; no hay más efímero que los soportes duraderos.
Empedernidos lectores y bibliófilos, sus bibliotecas resguardan más de 50,000 libros, ¡qué tesoro! Predominan documentos antiguos y libros contemporáneos.
¿Qué libro intentaríamos salvar en caso de desgracia ¿cuál intentaría proteger? Para Eco "Peregrinatio in Terram Sanctam" de Bernhard  Von Breydenbach, para Claude, un manuscrito de Alfred Jarry, uno de André Breton, y un libro de Lewis Carrol. Para Monique, "Ulises" de Joyce, "La montaña mágica" de Maan, sin olvidar los libros de su adorado Camus. !Ah! "Memorias de Adriano" de Yourcenar. 
Entre los tesoros literarios del francés, destacan un libro del escritor surrealista René Crevel, dedicada a Jacques Rigaut. Eco, no se queda atrás: Tengo un viejo Paracelso donde cada página se parece a un encaje; las intervenciones del lector parecen bordadas en el texto impreso. Me digo siempre: de acuerdo, no hay que subrayar o escribir en los márgenes de un libro antiguo o de valor, pero pensemos en lo que sería un libro antiguo con notas de Joyce...¡Entonces mis precauciones desaparecen!
Uno de mis sueños cumplidos,  fue conocer la biblioteca de Tombuctú, apunta el semiólogo, repleta de libros incunables.  Se denominan "incunables" todos los libros impresos a partir de la invención de la imprenta hasta la noche del 31 de diciembre de 1500. Después de 1501, los anticuarios lo llaman libro "postincunable".
Ser bibliófilo como Eco y  Jean-Claude, implica tiempo, dinero, esfuerzo, paciencia, afecto por los libros. Para comprar un libro que se ama, a veces es necesario dejar pasar diez años.
¿Dónde quedan los editores, de las grandes obras? Umberto, recrimina: han demostrado que a veces pueden ser los suficientemente estúpidos para rechazar obras maestras, por ejemplo a Flaubert, a propósito de "Madame Bovary", se le dijo: Señor, ha sumergido su novela en una enorme cantidad de detalles, bien trazados es verdad, pero completamente superfluos". A Emily Dickinson: "Sus rimas son completamente falsas"
Un diálogo enriquecedor, interminable, que cierro con una bonita anécdota de Jean-Claude Carriére: "A menudo dejo libros leídos en algún café, en la silla de un cine, en el metro, para que haga feliz a quien lo encuentre" Lo imitaré...

Libro: Nadie acabará con los libros
Autor:  Umberto Eco y Jean-Claude Carrière 
Editorial: Lumen

viernes, abril 23, 2010

JOSÉ EMILIO PACHECO: en las alturas...

A mi amiga, Momo.

Mientras la madrugada madura en el país azteca. Amanece en España. Las nubes ríen sin inhibiciones; celebran la fiesta. El viento distante más allá del principio del placer, aúlla en las ciudades desiertas y el reposo del fuego espera, en tanto, las campanas doblan por nuestro amado poeta: JOSÉ EMILIO PACHECO, galardonado con el Premio Cervantes 2009; máxima presea de las letras españolas. En sus palabras, la humildad; siempre característica en él, lo rebasa:"Quiero dejar claro que este premio es para toda la literatura mexicana, que no sale mucho de nuestras fronteras”.

Seguramente el poeta mexicano no querrá preguntarse cómo pasa el tiempo y cómo la lluvia sucumbe ante sus letras de dolor, tristeza, alegría y crudeza. La sencillez de Pacheco ofende, conmueve y lo hace más robusto de lo que es:"Si el premio lo hubiera recibido con 30 años, podría aprovechar los casi 160 mil dólares del galardón para divertirme, pero a estas alturas no puedes más que guardarlo para tus gastos de clínicas y hospitales", señaló José Emilio Pacheco, de 70 años de edad.

Maestro ¡enhorabuena! no se ponga nervioso cuando el Rey Juan Carlos, se lo entregue, precisamente hoy, DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO y aniversario luctuoso de Miguel de Cervantes Saavedra.

Dejo con ustedes una de mis poesías preferidas:

ALTA TRAICIÓN

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero aunque suene mal
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
y tres o cuatro ríos.

(José Emilio Pacheco)

Aquí, el discurso íntegro:

"Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señora Ministra de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Señora Presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y para las Artes de México, Presidenta de la Comunidad de Madrid, Sr. Alcalde de esta ciudad, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señores y señoras.

1947 es una fecha tan lejana como 1547. Ambas se han hundido en la sombra eterna y son irrecuperables. Tal vez la memoria inventa lo que evoca y la imaginación ilumina la densa cotidianeidad. Sin embargo, del mismo modo que para nosotros serán siempre gigantes los molinos de viento que acababan de instalarse en 1585 y eran la modernidad anterior a la invención de esta palabra, en algún plano es real otra experiencia: la de un niño que una mañana de Ciudad de México va con toda su escuela al Palacio de Bellas Artes y asiste asombrado a una representación del libro convertido en espectáculo.

Salvador Novo adapta y dirige la obra con música de un mexicano, Carlos Chávez, y un español, Jesús Bal y Gal. Novo pertenece al Grupo de Contemporáneos, equivalente exacto del Grupo de 1927 en España. Mucho tiempo después sabré que Novo había conseguido que en julio de 1936 su amigo Federico García Lorca estuviera precisamente en ese Palacio de Bellas Artes para presenciar el estreno mexicano de Bodas de Sangre interpretada por Margarita Xirgu.

A telón cerrado aparece el historiador árabe Cide Hamete Benengeli a quien Cervantes atribuye la novela. Cide Hamete Benengeli ha decidido abreviar la historia para que los niños de México puedan conocerla. La cortina se abre. De la oscuridad surge la venta que es un castillo para Don Quijote. Quiere ser armado caballero a fin de que pueda ofrecer sus hazañas a la sin par Dulcinea del Toboso, la mujer más bella del mundo.

Dos horas después termina la obra. Desciende de los aires Clavileño que en esta representación es un pegaso. Don Quijote y Sancho montan en él y se elevan aunque no desaparecen. El Caballero de la Triste Figura se despide: "No he muerto ni moriré nunca. Mi brazo fuerte está y estará siempre dispuesto a defender a los débiles y a socorrer a los necesitados".

La otra realidad

En aquella mañana tan remota descubro que hay otra realidad llamada ficción. Me es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza, puede ser para quien sepa emplearla algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario. La historia del Quijote tiene el don de volar como aquel Clavileño. Sin saberlo, he entrado en lo que Carlos Fuentes define como el territorio de La Mancha. Ya nunca voy a abandonarlo.

Leo más tarde versiones infantiles del gran libro y encuentro que los demás leen otra historia. Para mí el Quijote no es cosa de risa. Me parece muy triste cuanto le sucede. Nadie puede sacarme de esta visión doliente.

En la mínima historia inconclusa de mi trato con la novela admirable hay a lo largo de tantos años muchos episodios que no describiré. Adolescente, me frustra no poder seguir de corrido la fascinación del relato: se opone lo que George Steiner designó como el aparato ortopédico de las notas. Me duele que las obras eternas no lo sean tanto porque el idioma cambia todos los días y con él se alteran los sentidos de las palabras.

También me asombra que necesiten nota al pie términos familiares en el español de México, al menos en el México de aquellos años remotos: "de bulto" como las estatuillas de los santos que teníamos en casa; "el Malo", el demonio"; "pelillos a la mar", olvido de las ofensas; "curioso", inteligente. Y tantas otras: "escarmenar", "bastimento", "cada y cuando".

Supercherías cervantinas

Ignoro si podría demostrase que el primer ejemplar del Quijote llegó a México en el equipaje de Mateo Alemán y en el mismo 1506 de su publicación . El autor del Guzmán de Alfarache había nacido en 1547 como Cervantes y estuvo en aquella Nueva España que don Miguel nunca alcanzó.

Tal vez el gran cervantista mexicano de hace un siglo, Francisco A. de Icaza, hubiera rechazado como una más de las 'Supercherías y errores cervantinos', que es el título de la obra de Icaza, esta atribución que me seduce. Por lo pronto me permite evocar en este recinto sagrado a Icaza, el mexicano de España y el español de México, a quien no se recuerda en ninguna de sus dos patrias. En todo caso sobrevive en el poema que le dedicó su amigo Antonio Machado: "No es profesor de energía/ Francisco A. de Icaza, sino de melancolía". Y en la inscripción que leen todos los visitantes de la Alhambra. Otra leyenda atribuye su inspiración al mismo mendigo de quien habló también Ángel Ganivet: "Dale limosna, mujer/ pues no hay en la vida nada/como la pena de ser/ciego en Granada".

Como todo, Internet es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el Retablo de las Maravillas. No me dejará mentir la Red si les digo que el 30 de noviembre de 2009, en una rueda de prensa en la Feria del Libro de Guadalajara me preguntaron, con motivo del Premio Reina Sofía, si con él yo estaba en camino del Premio Cervantes. "Para nada", contesté. "Lo veo muy lejano. Nunca lo voy a ganar".

Al amanecer del lunes 30 la voz de la Señora Ministra de Cultura, Doña Ángeles González Sinde, me dio la noticia y me hundió en una irrealidad quijotesca de la que aún no despierto. Por aturdimiento, no por ingratitud, apenas en este día doy gracias al jurado por su generosidad al privilegiarme cuando apenas soy uno más entre los escritores de este idioma y hay tantas y tantos dignos con mucha mayor justificación que yo de estar ahora ante ustedes.

Para volver al plano de la realidad irreal o de la irrealidad real en que los personajes del Quijote pueden ser al mismo tiempo lectores del Quijote, me gustaría que el Premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años el recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria.

Cómo nos duele verlo o ver a su rival Lope de Vega humillándose ante los duques, condes y marqueses. La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiende a agudizarse en la era electrónica.

En la Roma de Augusto quedó establecido el mercado del libro. A cada uno de sus integrantes -- proveedores de tablillas de cera, papiros, pergaminos; copistas, editores, libreros--le fue asignado un pago o un medio de obtener ganancias. El único excluido fue el autor sin el cual nada de los demás existiría. Cervantes resultó la víctima ejemplar de este orden injusto. No hay en la literatura española una vida más llena de humillaciones y fracasos. Se dirá que gracias a esto hizo su obra maestra.

El Quijote es muchas cosas pero es también la venganza contra todo lo que Cervantes sufrió hasta el último día de su existencia. Si recurrimos a las comparaciones con la historia que vivió y padeció Cervantes, diremos que primero tuvo su derrota de la Armada Invencible y después, extracronológicamente, su gran victoria de Lepanto: El Quijote es la más alta ocasión que han visto los siglos de la lengua española.

Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 -de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México- era previsible al comenzar el año. Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote".

lunes, junio 01, 2009

LLUEVE EN MI CORAZÓN...


Nacido en el sótano de una librería en el Boston de los años 60, Firmin aprende a leer devorando las páginas de un libro. Pero una rata culta es una rata solitaria. Marginada por su familia, busca la amistad de su héroe, el librero, y de un escritor fracasado. A medida que Firmin perfecciona el hambre insaciable por los libros, su emoción y sus miedos se vuelven humanos, exalta la contraportada del libro, del estadounidense Sam Savage.
Una hermosa fábula engarzada en un cuerpecito pequeño, feo, peludo, ingenioso, melancólico, cojo, sensible, es Firmin. Una ratita con alma creativa y gran corazón; más que humano.
Educada tercamente en las letras y ferviente admiradora del poeta francés Paul Verlaine:

"Llueve en mi corazón
como llueve sobre la ciudad,
¿Qué es este hastío
que roe mi corazón?"

"Llueve en mi corazón, cuando llueve, llora el corazón" Firmin evoca su poesía porque las ratas no tienen lágrimas. Sin embargo,  la mayor tragedia de Fermin, no es sobrevivir repudiado por los seres humanos, es vivir condenado al silencio; carecía de voz. Millones de palabras, fragmentos, poesía, diarios íntimos, confesiones: todas por el desague. Sus cuerdas vocales no eran adecuadas para el habla. ¿Cómo salir del silencio?
Descendiente de numerosa familia: 12 hermanos, una madre alcohólica, sin papá, sin futuro prometedor, abandonada en una librería, creció devorando bolitas de papel de libros que convertía en confeti."Estoy convencido de que estas páginas masticadas aportaron la base nutricional de lo que modestamente denominaré mi insólito desarrollo mental. Imagínense: filosofía, psicoanálisis, astronomía, La Revolución Francesa, Kant, Hegel, Swedenborg, Balzac, Cioran, Baudelaire, etc..." Firmin aprendió a leer entre un mundo repleto de libros que lo ayudaría a nunca descuidar su autoaprendizaje,  a enfrentar un universo, extraño y doloroso: El de los humanos."Hice que mis sueños entraran en los libros, y a veces me volvía soñar dentro de los libros. La única literatura que no soporto es la de ratas, incluido los ratones. A Mickey Mouse y Stuart Little me dan ganas de mearles en la boca"

Su larga trayectoría en sótanos, alcantarillas, bibliotecas, cines y  librerías, le formarían un carácter y un conocimiento, la mayor de las veces revelador. De los humanos aprendería que todos tenemos un destino, bien o mal un destino. Que los extremos se tocan. Los grandes amores se transforman en grandes odios, la callada paz deriva en estrepitosa guerra, el tedio infinito genera enorme excitación, las grandes intimidades traen gigantescos alejamientos.  Y allí seguía Firmin en sus divagaciones, desde las alturas observaba a Shine Norman, un tipo gordo y de culo bajito. El viejo librero enjuagaba sus lágrimas, la crisis editorial golpeaba fuerte, ventas nulas, los lectores desaparecían:  "Al ver llorar a Norman lo que más quería hacer: salir corriendo y arrojarme a los pies del librero y ponerme como un loco a besarle los zapatos, para consolarlo"
Un cruce de miradas, rompería el silencio. Gritaba Firmin ¡Me ha visto! con lo inteligente que es Norman habrá visto amor en mis ojos  - ahora sabía que no estaba solo. Tenía un sitio junto a alguien- Sin otra salida, Shine toma la decisión más importante de su vida. Junto a su librería amanece un cartel escrito a mano: LIBROS GRATIS. LLÉVESE TODOS LOS QUE PUEDA CARGAR EN 5 MINUTOS.
Jerry Magoon(El hombre más listo del mundo. Extraordinario artista extraterrestre) escritor fracasado, borracho, bohemio, sucio, desesperanzado, sería el segundo humano que amaría Firmin, hasta su accidentada muerte en las escaleras.

El mundo estaba acabándose para Firmin, todo se desplomaba, la vida  hacía de las suyas, es cansancio, es vejez, es tristeza, es desolación, es morir lentamente, es decir adiós, es gritar: ¡NI ME ECHARÁN DE MENOS!. Y yo no dejo de mirar atrás y pensar  en Fermin y en Verlaine: "CUANDO LLUEVE LLORA EL CORAZÓN"

Libro: Firmin
Autor: Sam Savage
Editorial: Seix Barral

lunes, abril 20, 2009

De qué color, es el color...

El maestro Soseki pidió a Yuko que cerrase los ojos y se imaginase el color. El color no está afuera. Está en tu interior, sólo la luz está fuera.
Si me preguntas con qué ojos veo, te diré que con los del alma...El alma para observar sin cegueras tendrá que ser blanca, tan blanca como la nieve, Yuko.
El alma de Yuko era resplandecientemente blanca, como la nieve era la poesía del invierno. A sus 17 años, el joven tenía dos pasiones: El haiku y la nieve.
El haiku es un poema compuesto por tres versos y diecisiete sílabas. Un género literario japonés. Y la nieve es un poema que cae de las nubes en copos blancos y livianos.
Maxence Fermine nos entrega una historia limpia, transparente y hermosa como un haiku. La tradición de un Japón a finales del siglo XIX, dividido entre la religión y el ejército. Yuko tenía que elegir un oficio: sacerdote o guerrero –quiero ser poeta- Quiero aprender a mirar cómo pasa el tiempo, padre. No adornar nada. No hablar. Mirar y escribir. En pocas palabras. Diecisiete sílabas. Un haiku. Contrariando los deseos de su padre, Yuko decidió ser el poeta de la nieve. Feliz  escribió setenta y siete haikus, cada invierno ¿Por qué la nieve?
-La nieve es Blanca. Luego es una poesía. Una poesía de gran pureza.
-Hiela la naturaleza y la protege. Luego es una pintura. La pintura más delicada del invierno.
-Se transforma continuamente. Luego es una caligrafía. Existen diez mil modos de escribir la palabra nieve.
-Es una superficie resbaladiza. Luego es una danza. En la nieve, todo hombre puede creerse funámbulo.
-Se convierte en agua. Luego es una música. En primavera, troca los ríos y torrentes en sinfonías de notas blancas.
Se encimaron los inviernos y Yuko perfeccionaba el arte del haiku hasta que sus escritos llegaron a la sensibilidad del emperador, quien envía un comisario a evaluar los trabajos del poeta de la nieve: "La escritura de Yuko es desesperadamente blanca, casi invisible, deberá aprender a colorear sus poemas, le falta la pintura, el color":

Nieve límpida
pasarela de silencio
y de belleza

música de nieve
grillo de invierno
bajo mis pasos

mujer agachada
que orina y hace fundir
la nieve

Tan sagrado fue el amor por la nieve, que Yuko decide partir al sur de Japón, necesita aprender del prestigiado poeta y pintor, Soseki, el color. En su larga travesía, la nieve le entregaría al joven la más hermosa imagen vista: "Parecía frágil como un sueño. Era una mujer joven, desnuda y rubia, europea. Era blanca como la nieve. Estaba muerta. Dormía bajo un metro de hielo" ¿De dónde venía? ¿Era real? Yuko creyó que era un sueño. El poeta detuvo el tiempo. El amor que sentía por aquella mujer no moriría y el rostro dormido bajo el hielo no envejecería, alimentaría su memoria en su transitar al sur del corazón. Soseki, pintor ciego, le enseñaría el arte del color: su mente sabe lo que tus ojos no pueden ver. No te fíes de las apariencias, sólo sirven para perderse,  le decía Horoshi, asistente del viejo sabio.
Él, aprendió las artes por el amor de una mujer. Porque el amor es con mucho la más difícil de las artes. Y escribir, bailar, componer música y pintar son lo mismo que amar. Funambulismo. Lo más difícil es avanzar, sin caer. Su maestro Soseki se enamoró de una funámbula o equilibrista, llamada Nieve y su vida seguía una sola línea. RECTA. Era su destino. Avanzar paso a paso. De uno a otro extremo de la vida. A los ojos de Soseki parecía un poema, una pintura, una caligrafía, una danza y una música en esa cuerda floja. Caminaba por el aire. 

Un día, sin embargo, el equilibro de la cuerda se hizo frágil, tan frágil que se rompió, como un pájaro que caía del cielo. Nieve desaparecía en el abismo de la vida y dormía por siempre en  su lecho de blancura. El poeta Soseki jamás se repuso de la pérdida de su mujer. Nunca volvería a ver la belleza. Por lo que se dedicó a pintar mil cuadros, evocando la imagen amada ¿cómo pintar la blancura? Yuko le enseñaría. El anciano aprendió a pintar la blancura,  la pureza. Finalmente ambos descubrirían que la auténtica luz y los auténticos colores permanecen siempre íntimamente ligados a la belleza del alma. Sin olvidar que hay dos clases de personas. Los que viven, juegan y mueren. Y los que se mantienen en equilibrio en la arista de la vida. Los actores. Y los funámbulos.

Gracias por existir, Maxence Fermine. Gracias por la alegría de las lágrimas.

martes, marzo 31, 2009

DIÁLOGO DE LIBROS (II parte)

A David (Shingen 并且 Hideko)

A mi espalda una voz deteriorada por el cigarrro repartía autógrafos. Ignacio Padilla, acaparaba miradas y aplausos…El olor a tinta nueva inyectaba todos los sentidos; la prisa por arribar a la Editorial Anagrama desesperó la espera de cazar sus garabatos. Cariñosamente leía a Jorge Herralde, Director de la editorial en su preciado homenaje al gran Roberto Bolaño, el chileno no sólo era su amigo querido, sino uno de los mejores nombres que Anagrama posee en su exquisito catálogo ¿cómo olvidar al autor de Los detectives salvajes y de 2666? Dice Herralde: ¿Cómo definir a Roberto Bolaño? Su radicalidad estética, ética y política, tan insobornable, un desesperado escribiendo para desesperados. Y la literatura por encima de todas las cosas, un explorador audaz, un buceador a pulmón libre, un trapecista sin red. Su muerte ha sido el mayor dolor en toda mi vida de editor”
Si de homenajes se trata, Fernando Savater, cristaliza el suyo al primer texto que escribió del argentino: Jorge Luis Borges: “Supe por primera vez de Borges a los quince años y no he dejado de leerlo al trasluz de muchas de las páginas que dejó": “ El Aleph, es si no me equivoco, el logro narrativo más perfecto y memorable de Borges. Ese cuento lo tiene todo, humor, sentimiento, metafísica, costumbrismo y el toque fantástico que maravilla pero también sobrecoge”(La ironía metafísica)
El camino largo, era corto, transitaba en la memoria que jamás olvida; siempre atenta y punzante del uruguayo, Eduardo Galeano. Sacudía mi fragilidad.  La tragedia de un continente, repleto de  verdades y sufrimientos entretejen su prosa:”Una noche, hace añares , en un cafetín del puerto montevideano, estuve hasta el amanecer tomando tragos con una puta amiga, y ella me contó: -¿sabés una cosa?- Yo a los hombres, en la cama, no los miro nunca a los ojos. Yo trabajo con los ojos cerrados. Porque si los miro me quedo ciega"
Su mirada tierna y envejecida, recordaba que había perdido a Dios: "Se había roto el espejo. Dios tenía los rasgos que yo le ponía y decía las palabras que yo esperaba. Mientras fui niño me puso a salvo de la duda y de la muerte. Había perdido a Dios y no me reconocía en los demás"(Días y noches de amor y de guerra)

De “La mano de la buena fortuna”, el serbio Goran Petrovic, me cuenta acerca de dónde estaría La Luna y dónde Venus si no hubiera nubes, si hay alguna semejanza entre una biblioteca y un jardín botánico, cómo se devuelve el brillo a los recuerdos, cómo se construye el futuro simple del verbo Ser sin ningún remordimiento.

Difunto vivo, recordado, entrañable, apreciado, tímido, aparece fantasmal en  Minería,  su faceta desconocida por muchos: Juan Rulfo, poeta: “He aquí el tiempo de lo decible: de aquí su patria. Las cosas que pueden vivirse, declinan y pasan más que nunca, pues las que las desplazan para sustituirlas son objetos sin alma –actos bajo cortezas que estallarán tan pronto como la acción que cubren los supere y tome un nuevo rumbo- Entre los martillos permanece nuestro corazón, como entre los dientes la lengua, que, sin embargo, y a pesar de todo, es la otorgadora de las alabanzas” (Tríptico para Juan Rulfo)

Entre cenizas como un viejo laberinto hundido en el mar resurge para siempre el poeta cubano José Lezama Lima:
“El descenso del amor consagrado
por un fervor nuevo, por un aceite de jugo
reciente como el agua de reciente caída,
así la uva destruye los paisajes morados.

Lo que ya viene de otra sangre tocada,
creciendo como las hojas errantes,
vuelve sobre lo carcomido con furias tempranas,
como el juramento atrae el vino irreverente.
(Muerte de Narciso)

Mientras más deseaba estar allí, la carga literaria vencía los pies y las manos, urgía salir y volver. Lapso en que alguien desconocido exclamó:  Monique, la ilusión es una criatura de la imaginación, una imagen que no necesariamente se corresponde con la realidad, una representación que engaña los sentidos. Una ilusión es también una esperanza, incierta y no necesariamente bien definida. Por ende, las ilusiones también pueden ser engaños, apariencias o artificios invisibles”, ten cuidado con ello. Jorge F. Hernández(Signos de admiración).

Diálogo extenso, constructor y agradable emanaba de escritores jamás pensados en un mismo recinto, engalanaron la XXX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en el Distrito Federal. Reseñar cada uno de ellos en estos  momentos, me faltarían letras y madrugadas, lo iré tejiendo poco a poco. La primavera encima alegra el sol resplandeciente de mi ciudad. La dotación es suficiente; no padeceré hambre en días calurosos, me acompaña un buen abanico de libros.  


Besos, Monique.



sábado, enero 17, 2009

ME BASTA VIVIR CON TODO MI CUERPO Y DAR TESTIMONIO CON TODO MI CORAZÓN


La primera vez que vi a Albert Camus fue en un homenaje a Antonio Machado, en París. Los oradores fuimos Jean cassou y yo; María Casares recitó unos poemas. A la salida, terminado el acto, un desconocido de gabardina se me acercó para manifestarme su aprobación por lo que yo había dicho. María Casares me dijo: es Albert Camus. Eran los años de su celebridad y yo era un poeta mexicano anónimo perdido en el París de la postguerra. Su acogida fue muy generosa.

Nos vimos después varias veces. Leí algunos capítulos del L´homme révolté(El hombre rebelde) en revistas y él mismo me contó -por decirlo así- el argumento general de la obra. Discutimos algunos puntos -por ejemplo, sus críticas a Heidegger y al surrealismo- y le previene que el capítulo sobre Lautréamont provocaría la cólera de Bretón. Así ocurrió. Y cuando aparezca el libro de usted, Sartre lo atacará. Me miró con incredulidad y me respondió: "Tengo sólo tres amigos en el mundo literario de París. Uno de ellos es Malraux. Me he alejado de él por su posición política. Al otro, Sartre, me liga sobre todo una relación intelectual. El tercero, al que me une algo más que las ideas, es el poeta René Char -un amigo fraternal- Ninguno de los tres me atacará". Me sorprendió su respuesta y le dije: Sí, Malraux nunca lo atacará. Se lo prohibe su estética heroica y teatral: sería un gesto indigno de su personaje. Char tampoco lo atacará: es un poeta y, esencialmente, coincide con usted-o usted con él-. Pero Sartre es un intelectural y para él a la inversa de Malraux, la vida de las ideas es la verdaderamente real(aunque en su filosofía pretenda lo contrario) A Sartre le parecerá una herejía lo que usted dice en L´homme révolté y condenará a la herejía y al hereje en el Tribunal filosófico" No me creyó. Días después, la revista de Sartre desencadenó el ataque en su contra. Llamé por teléfono a María Casares: "¿Cómo está Alberto? Me contestó: "Se pasea por la casa como un toro herido"

                                                                                           Octavio Paz.

Libro: Hombres en su siglo y otros ensayos
Autor: Octavio Paz
Editorial: Seix Barral

viernes, enero 02, 2009

TENEMOS EL ARTE PARA NO MORIR DE LA VERDAD

A mi amigo, Antón Abad.


                                 Santificado sea tu nombre



"Los jóvenes no saben que la experiencia es una derrota y que hay que perderlo todo para saber un poco. No hay amor por la vida sin desesperación por la vida. Un hombre mira y el otro cava su fosa: ¿cómo separarlos? ¿Los hombres y su absurdo? Pero he aquí la sonrisa del cielo. ¿Crece la luz y pronto llegará el verano? Pero he aquí los ojos y la voz de aquellos a quienes hay que amar. Me atan al mundo todos mis gestos; y a los hombres, toda mi piedad y mi agradecimiento. Entre este derecho y este revés del mundo, no quiero escoger, no me gusta que nadie escoja. La gente no quiere que haya personas lúcidas e irónicas"¿Hasta dónde llegará esta noche en la que ya no me pertenezco?

"Tú quieres destruirlo todo, no quieres dejar piedra sobre piedra. Yo quería que todo el mundo se amase ¿qué falta hace amarse? Tendremos la ciencia. Pero será muy tedioso ¿Por qué tedioso? Eso es una idea aristrocrática. Los iguales no sienten tedio. Tampoco se divierten. Cuando tengamos justicia y, luego, ciencia, entonces se acabaron el amor y el tedio. Los olvidaremos. Corto o largo, las personas olvidan. Por lo pronto cuanto más de prisa se olvide, mejor será"
"No hemos venido a buscar la felicidad. La felicidad ya la tenemos. ¿Por qué no ha de bastarnos? La felicidad no lo es todo y los hombre tienen deberes. El mío es recobrar a mi madre, una patria.
Te escapas de mí tantas veces...Y entonces es como si descansaras de mí. En cambio yo no puedo descansar de ti"







Decía, Quereas: "Si mentimos, la mayoría de las veces lo hacemos sin darnos cuentas. Me declaro inocente. A lo que responde Calígula: La mentira nunca es inocente y la vuestra da importancia a los seres y a las cosas. Eso es lo que no puedo perdonaros.
Solía repetir que hacer sufrir a los demás era el único error que uno puede cometer. Quería ser un hombre justo. Y no conozco más que una forma de equilibrar la hostilidad del mundo: La pobreza"







"La felicidad llegaba a toda marcha, el acontecimiento iba más de prisa que el deseo. Rambert sabía que todo iba a serle devuelto de golpe y que la alegría es una quemadura que no se saborea" 
"Ya no me reconozco. Ningún hombre me ha dado nunca miedo, pero esto es superior a mis fuerzas, el honor no me sirve para nada y noto que me abandono. ¡No quiero morir solo! Y lo que me es más querido en el mundo se aparta de mí y no quiere seguirme. Déjame la libertad de buscar en ti la antigua ternura. Y mi corazón hablará de nuevo"






"Comenzar a pensar es comenzar a estar minado. No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que responder"



"Quería aún hablarme de Dios, pero me adelanté hacia él y traté de explicarle por última vez que me quedaba poco tiempo. No quería perderlo con Dios.
Entre la certidumbre que tengo de mi existencia y el contenido que trato de dar a esta seguridad, hay un foso que nunca se llenará. Seré siempre un extraño a mí mismo"

¿Por qué debe la sinceridad ser una condición para la amistad? El gusto de la verdad a cualquier precio, es una pasión que no perdona nada y a la que nada resiste. Es un vicio, a veces reconfortante, o bien un egoísmo. Si por consiguiente se encuentra usted en semejante caso, no dude ni un momento: prometa decir la verdad y mienta lo mejor posible"




"La selva, muy próxima murmuraba. El ruido del río se hacía más fuerte, el Continente entero emergía en medio de la noche y d´Arrast se sentía invadido por el asco. Le parecía que tenía ganas de vomitar todo aquel país, la tristeza de sus enormes espacios, la luz glauca de las selvas y el chopoteo nocturno de sus grades ríos desiertos. Aquella tierra era demasiado vasta; la sangre y las estaciones se confundían en ella, el tiempo se licuaba. La vida se desarrollaba allí a ras del suelo, y para integrarse en ella había que acostarse y dormir durante años, en aquel suelo barroso o desecado. Allá, en Europa, la verguenza y la cólera. Aquí el destierro o la soledad, en medio de aquellos locos lánguidos y trepidantes, que bailaban para morir"

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden. ¿Cuál es el contenido de ese "no"? Significa, por ejemplo, "las cosas han durado ya demasiado", "hasta ahora, sí; en adelante, no" En suma, ese "no" afirma la existencia de una frontera" El rebelde acepta la caída última que es la muerte, si debe ser privado de esa consagración exclusiva que llamará, por ejemplo, su libertad. Antes morir de pie que vivir de rodillas"


"La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris. Tienen, claro ésta, la memoria del corazón, que es la más segura, dicen, pero el corazón se gasta con la pena y el trabajo, olvida más rápido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido sólo lo recuperan los ricos. Para los pobres, el tiempo sólo marca los vagos rastros del camino de la muerte. y además para poder soportar , no hay que recordar demasiado"


(7 de noviembre 1913-4 de enero 1960)

viernes, diciembre 05, 2008

En el silencio caben todos los ruidos:Benedetti


Un libro chiquito, de 145 páginas, saturado de sencillez y lectura ágil. Don Mario Benedetti, reposa como los vinos añejos, entre más transcurre el tiempo, más exquisitez  y sencillez acumula: “En la sencillez, los hombres y mujeres se amparan, se comprenden, se alivian. En la complejidad, en cambio, se ven con desconfianza y con rencores. Cómo no tener en cuenta que la muerte es la cumbre de la sencillez”
“VIVIR ADREDE” abre sus ventanas de par en par porque las ventanas son los ojos del mundo y las cortinas son sus párpados.
Reflexiona sobre la vida en sus momentos cumbres y en desaliento; los que dicen "te quiero" y los que jamás se atreverían a pronunciarlo; los que vuelven y aquellos que dicen adiós; los que hacen triza el alma, sin pensar que el alma no admite cirugías; los que aman con pasión y surge la compasión, entre otras sabidurías de su pluma uruguaya. Su palabra se abraza con la nuestra, con nuestras verdades guardadas y expuestas; nuestros quebrantos y alegrías compartidas, sin perder de vista, que todos somos un paisaje hermoso o feo, pero al fin un paisaje ADREDE. Y adrede ya sabemos cómo sobrevir.

Benedetti caligrafía a los Escépticos y Optimistas:

Los escépticos y los optimistas se miran siempre de reojo.
Son desconfiados de nacimiento.
Los escépticos se burlan de los demás y de sí mismos. Se aburren de creer y no echan de menos las ausencias.
Los optimistas vencen al tedio y a la fiebre. Aprenden del ayer y no lo borran. Conocen y reconocen que vendrá algo mejor y desde ya preparan la bienvenida.
Los escépticos van y vienen sin nada. Y lo que es peor, sin nadie. Abrazan al pesimismo como único consuelo. Inventan una tristeza sin lágrimas, dura como una mueca.
Los optimistan se entienden con el río y con el cielo que lleva en su corriente. Saben que allí navega la tutela más leal, más respetable, y asumen el alma como agua.
Los escépticos son apenas mendigos, y el tiempo que transcurre les deja su limosna. No logran escapar del viejo laberinto y reciben mensajes que son indescifrables.
Los optimistas en cambio guardan a menudo algo de gloria, que no es siempre la de hoy ni la de antes. Hacen un nudo con las certidumbres y llenan su bolsillo de poesía...

Por supuesto, sin olvidar la nostalgia y las cenizas; siempre abrazadoras de su jardín narrativo: "El diccionario habla de cenizas azules y cenizas verdes, pero fuera de él, todas se vuelven grises".

Libro: VIVIR ADREDE
Autor: MARIO BENEDETTI
Editorial: ALFAGUARA

sábado, noviembre 29, 2008

EL HUECO DE TU CUERPO

La noche compite con mi ceguera nocturna. Sus torpes movimientos producto del whisky desafocan mi objetivo: ¿Cómo fotografiar el presente en una madrugada? ¿Cómo retratar el hueco de su cuerpo? El blanco y negro no se acomoda; opté por el color. Sí, colores desteñidos, descoloridos que transparentan la pérdida y el vacío de sus cuarenta años...Observo a Blanca Vallejo, fotógrafa de arte...Su Polaroid contra mi Nikon. El Clic, Clic, no cesa.
Afoco a una mujer desgarrada por dentro y por fuera. Esposa. Infiel. Subestimada. Negada a interesarse en las cosas y en la gente. Tras perder a su hija recién nacida(Inés), sentirse viva le astillaba el alma; era una verdadera conquista. Blanca recordó: “Desde que quedó embarazada su cuerpo se había convertido en algo público; un vehículo con mercancía que revisan en cada aduana, una caja sin valor que guarda un tesoro”. El intento frustado de un nuevo hijo sepultó su matrimonio a escombros. Blanca se preguntaba ¿Cuándo fue la última vez que deseó a alguién? Su relación con Germán eran los restos de una intimidad agonizante. El tiempo no espera. Necesitaba sentir el calor de otras manos, su cuerpo se lo dictaba. Blanca no soportaba un beso pulcro y virginal, no sabía dónde guardarlo ni qué hacer con él.
El obturador dispara y dispara…En primer plano, Blanca y Jaime regalándose caricias; su amante en turno…¿Cuánto obliga una caricia? ¿Qué tiene que ver la consumación de un deseo con la lealtad? Se cuestionaba la fotógrafa madrileña. Y se contestaba: “Ser infiel se paga, no cuando el otro lo averigua, sino sabiéndolo uno” al fin y al cabo, su esposo jamás se enteraría. Blanca no quería olvidar su infidelidad, había disfrutado, había sentido que volvía a temblar ante el tacto de un hombre, por qué iba a renunciar a eso. Su sexo herido gritaba más.
El archivo de imágenes y mentiras, era infinito: “Una vez superado el pudor a la mentira, las siguientes mentiras, consecuencias de la primera, no le producían ningún malestar”. La inapetencia era únicamente con su marido,  no con el resto de los hombres.
La Nikon, encuadra a Blanca desnudando los recuerdos, lavándolos y poniéndolos a secar antes de guardarlos para siempre: su infancia feliz, su madre muerta de cáncer, su padre apoyándola siempre en su carrera de Bellas artes, su profesión insatisfecha, pero finalmente sus fuerzas se dividian entre amar a Jaime y engañar a su marido. Para la adicción al amor no había parches de endorfinas:“Era mucho mejor tener a dos o tres personas que se turnaran para hacerle a uno feliz”. Finalmente Jaime y Blanca se descubrieron iguales.
Ante el rompimiento, se juró a sí misma que nunca abriría la puerta a un hombre con una bolsa de viaje.
Otro cambio de plano; el zoom acerca a Blanca aturdida por el mejor fotógrafo del momento, Alberto Martín, era su fetiche, lo admiró de siempre: “Al igual que la vida, eso es precisamente lo que me gusta de la fotografía, todo sucede en milésimas de segundo. Lo que interesa de la fotografía es la rápidez con ocurre la percepción de lo susceptible de ser fotografiado”. Horas intensas de trabajo: fotografiar los cuadros del museo del Prado para realizar un multimedia; sus intentos de ser fotógrafa independiente, se reducían a la espera. La rebelión pendiente con alberto asomaba: “Si algo podía hacer el fotógrafo era encontrar nuevos rostros de la realidad, nunca representar los conocidos, los ya descritos”: Alberto era su nuevo objetivo, se sintió recuperada en los placeres de su cuerpo, los verbos adquirieron otro significado: “Eres única, Blanca, decía Alberto, única como sólo yo quiero ser único para ti". Esta confesión proveniente de un hombre que ella admiraba tanto, hizo que se convirtiera en su criatura. Él la inventó.
- Me iré Blanca, debo realizar un trabajo al extranjero, prométeme que vas a seguir adelante con las fotos. Yo volveré enseguida. Antes de que queramos darnos cuenta, estaré aquí otra vez. Sí volvía o no, Alberto ya no importaba, había encontrado, después de batallar tanto, una identidad propia, había aprendido a cocinar para sí misma, a vivir para sí misma, a existir para sí misma.
La madrugada vencida al igual que la Polaroid y la Nikon; Blanca se llenó de fuerza, despacio se levantó de la cama donde dormía con Alberto, era su modelo, cada foto es una palabra, una sentencia. Quiere capturar cada átomo de su cuerpo. Blanca intento fijar de nuevo la vista a través del objetivo, pero se dio cuenta de que hay cosas que no se pueden decir sino con el movimiento, con el roce de sus dedos llenos de caricias, con su sexo, con su largo y espeso esperma derramándose sobre ella, hay otros sentidos que no son la vista, y ahí es donde radica la importancia de la fotografía: Blanca codiciaba su olor, su tacto perfecto, los gemidos que la devolverían a él. Las fotografías no acarician. Las fotografías matan. Blanca sale de la habitación sin despedirse. La nieve del camino la hace recordar, nadie la espera del otro lado. Llegará con los ojos blancos de quien no ha visto nunca el abismo.

Por vez primera leo la obra literaria de la española Paula Izquierdo. Sin embargo, el sello editorial ANAGRAMA, me garantizaba la elección. Narrada en tercera persona, la narrativa presentada en la novela,  es atrevida, arriesgada e inquietante. Conocedora de la conducta humana, la escritora, doctorada en psicología, revela en las fotos a una Blanca Vallejo escasa en su jerarquía de valores, sin juez, ni conciencia. Malograda en todas sus batallas, la renuncia de sí misma siempre por otros. Sin reposo,  Blanca Vallejo, tránsita a su pasado y el presente reflejado en una madrugada; una hembra despellejada, mal herida, que intenta llevarse consigo al otro mundo todo lo que se encuentra a su paso. Cómo se puede uno reconciliar con el mundo cuando no se quiere pertenecer a una realidad que se va haciendo crecientemente insoportable.
¿Cómo se fotografía la desesperación de la pérdida o la esterilidad del instante?

Libro: EL HUECO DE TU CUERPO
Autor: PAULA IZQUIERDO
Editorial: ANAGRAMA