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viernes, enero 02, 2009

TENEMOS EL ARTE PARA NO MORIR DE LA VERDAD

A mi amigo, Antón Abad.


                                 Santificado sea tu nombre



"Los jóvenes no saben que la experiencia es una derrota y que hay que perderlo todo para saber un poco. No hay amor por la vida sin desesperación por la vida. Un hombre mira y el otro cava su fosa: ¿cómo separarlos? ¿Los hombres y su absurdo? Pero he aquí la sonrisa del cielo. ¿Crece la luz y pronto llegará el verano? Pero he aquí los ojos y la voz de aquellos a quienes hay que amar. Me atan al mundo todos mis gestos; y a los hombres, toda mi piedad y mi agradecimiento. Entre este derecho y este revés del mundo, no quiero escoger, no me gusta que nadie escoja. La gente no quiere que haya personas lúcidas e irónicas"¿Hasta dónde llegará esta noche en la que ya no me pertenezco?

"Tú quieres destruirlo todo, no quieres dejar piedra sobre piedra. Yo quería que todo el mundo se amase ¿qué falta hace amarse? Tendremos la ciencia. Pero será muy tedioso ¿Por qué tedioso? Eso es una idea aristrocrática. Los iguales no sienten tedio. Tampoco se divierten. Cuando tengamos justicia y, luego, ciencia, entonces se acabaron el amor y el tedio. Los olvidaremos. Corto o largo, las personas olvidan. Por lo pronto cuanto más de prisa se olvide, mejor será"
"No hemos venido a buscar la felicidad. La felicidad ya la tenemos. ¿Por qué no ha de bastarnos? La felicidad no lo es todo y los hombre tienen deberes. El mío es recobrar a mi madre, una patria.
Te escapas de mí tantas veces...Y entonces es como si descansaras de mí. En cambio yo no puedo descansar de ti"







Decía, Quereas: "Si mentimos, la mayoría de las veces lo hacemos sin darnos cuentas. Me declaro inocente. A lo que responde Calígula: La mentira nunca es inocente y la vuestra da importancia a los seres y a las cosas. Eso es lo que no puedo perdonaros.
Solía repetir que hacer sufrir a los demás era el único error que uno puede cometer. Quería ser un hombre justo. Y no conozco más que una forma de equilibrar la hostilidad del mundo: La pobreza"







"La felicidad llegaba a toda marcha, el acontecimiento iba más de prisa que el deseo. Rambert sabía que todo iba a serle devuelto de golpe y que la alegría es una quemadura que no se saborea" 
"Ya no me reconozco. Ningún hombre me ha dado nunca miedo, pero esto es superior a mis fuerzas, el honor no me sirve para nada y noto que me abandono. ¡No quiero morir solo! Y lo que me es más querido en el mundo se aparta de mí y no quiere seguirme. Déjame la libertad de buscar en ti la antigua ternura. Y mi corazón hablará de nuevo"






"Comenzar a pensar es comenzar a estar minado. No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos; primeramente hay que responder"



"Quería aún hablarme de Dios, pero me adelanté hacia él y traté de explicarle por última vez que me quedaba poco tiempo. No quería perderlo con Dios.
Entre la certidumbre que tengo de mi existencia y el contenido que trato de dar a esta seguridad, hay un foso que nunca se llenará. Seré siempre un extraño a mí mismo"

¿Por qué debe la sinceridad ser una condición para la amistad? El gusto de la verdad a cualquier precio, es una pasión que no perdona nada y a la que nada resiste. Es un vicio, a veces reconfortante, o bien un egoísmo. Si por consiguiente se encuentra usted en semejante caso, no dude ni un momento: prometa decir la verdad y mienta lo mejor posible"




"La selva, muy próxima murmuraba. El ruido del río se hacía más fuerte, el Continente entero emergía en medio de la noche y d´Arrast se sentía invadido por el asco. Le parecía que tenía ganas de vomitar todo aquel país, la tristeza de sus enormes espacios, la luz glauca de las selvas y el chopoteo nocturno de sus grades ríos desiertos. Aquella tierra era demasiado vasta; la sangre y las estaciones se confundían en ella, el tiempo se licuaba. La vida se desarrollaba allí a ras del suelo, y para integrarse en ella había que acostarse y dormir durante años, en aquel suelo barroso o desecado. Allá, en Europa, la verguenza y la cólera. Aquí el destierro o la soledad, en medio de aquellos locos lánguidos y trepidantes, que bailaban para morir"

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden. ¿Cuál es el contenido de ese "no"? Significa, por ejemplo, "las cosas han durado ya demasiado", "hasta ahora, sí; en adelante, no" En suma, ese "no" afirma la existencia de una frontera" El rebelde acepta la caída última que es la muerte, si debe ser privado de esa consagración exclusiva que llamará, por ejemplo, su libertad. Antes morir de pie que vivir de rodillas"


"La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris. Tienen, claro ésta, la memoria del corazón, que es la más segura, dicen, pero el corazón se gasta con la pena y el trabajo, olvida más rápido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido sólo lo recuperan los ricos. Para los pobres, el tiempo sólo marca los vagos rastros del camino de la muerte. y además para poder soportar , no hay que recordar demasiado"


(7 de noviembre 1913-4 de enero 1960)

lunes, marzo 24, 2008

GEMA LITERARIA: 53 años

53 años de su publicación (27 de marzo 1955) la novela: PEDRO PÁRAMO o MURMULLOS, su título original. Hinchan mí orgullo mexicano, que la obra de Juan Rulfo, sea una de las mayores gemas de la literatura universal y El llano en llamas, uno de los cuentos más sobresalientes de las letras españolas. En mi librero descansa la primera edición de Pedro Páramo, editada por el Fondo de Cultura Económica y adquirida en una librería de viejos.
A diferencia de lo que muchos críticos sustentan que el personaje central de la novela es Pedro Páramo, en realidad es el pueblo, Comala o Luvina, un sitio muerto donde viven más que ánimas, donde todos los personajes están muertos y quien narra también está muerto, no hay límite entre el espacio y el tiempo. Rulfo expresa una poesía de la desolación, un mundo que está más allá del paisaje mexicano. Una estructura literaria construida de silencios, de hilos colgantes. La narración alterna la primera y la tercera persona; el presente y el pasado cobran vida en un pueblo que jamás existió.
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo”

"...Allá hallarás mi querencia. El lugar que yo quise. Donde los sueños me enflaquecieron. Mi pueblo, levantado sobre la llanura. Lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos. Allí, donde el aire cambia el color de las cosas; donde se ventila la vida como si fuera un murmullo; como si fuera un puro murmullo de la vida..."
Lamentos, murmullos y aullidos alimentan a Comala, que puede ser cualquier pueblo, su aridez y su soledad ahogada son universales. Un mundo literario poblado de voces, de voz de viento.
-¿Qué es ese ruido?
-Es el silencio
Comala, una comunidad formada por un cacique, la posesión de tierras y cuerpos, con parejas incestuosas. La autoridad se expresa a través de violaciones, asesinatos, humillaciones, nada alejado de nuestra actual realidad mexicana. Perfectamente se retratan los procesos de injusticia y despojo, el dinero se traduce en soberanía sobre vidas y honras.

Creador de un lenguaje popular de sus personajes, Rulfo descansa allí, en su lengua, como un hecho perdurable y profundo:“es que yo escribo como la gente habla”
“...No lo sé, Juan Preciado. Hacia tanto tiempo que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo. Y aunque lo hubiera hecho, ¿qué habría ganado? El cielo está tan alto, y mis ojos tan sin mirada, que vivía contenta con saber dónde quedaba la tierra...”

Realmente Rulfo habló poco de su obra, considerado un hombre sin ningún alarde, de una sencillez absoluta, pasaba las noches devorando libros de otros y escuchando música. Escribió Pedro Páramo a los 37 años de edad, nunca volvería a hilar palabras para publicar, su secreto se lo llevaría a la tumba el 7 de enero de 1986( 22 años de su muerte). Tal vez la meta de los escritores sea producir un gran libro, una obra perdurable; Rulfo lo hizo.
"Cuando escribí Pedro Páramo sólo pensé en salir de una gran ansiedad. En lo más íntimo, Pedro Páramo nació de una imagen y fue la búsqueda de un ideal que llamé Susana San Juan. Susana San Juan no existió nunca: fue pensada a partir de una muchachita a la que conocí brevemente cuando era infante. Ella nunca lo supo y no hemos vuelto a encontrarnos en lo que llevo de vida"

En este mes rulfiano, releeo "La ficción de la memoria", una antología preñada de ensayos, entrevistas, artículos que hablan de la obra de Juan Rulfo, compilada por la UNAM y Ediciones Era. Aquí un fragmento de Gabriel García Márquez:
“No había leído los libros de Juan Rulfo sino que ni siquiera había oído hablar de él. Recuerdo cuando Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa:
-¡Lea esa vaina, carajo para que aprenda!
Era Pedro Páramo.
Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí “La metamorfosis” de Kafka en una lúgumbre pensión de estudiantes de Bogotá – casi diez años atrás – había sufrido una conmoción semejante. Al día siguiente leí “El llano en llamas”, y el asombro permaneció intacto. El resto de aquel año no pude leer a ningún otro autor, porque todos me parecían menores"

LIBRO: Pedro Páramo
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Autor: Juan Rulfo