miércoles, abril 18, 2012

¿NOS DICEN ALGO LAS COSAS Y NO SÓLO NUESTRA NECESIDAD DE IMPLORAR QUE ALGO NOS HABLE?

Será que lo que permanece, se dijo, que lo que siempre es igual por muchos cambios que se puedan producir, como decía su padre o decían que decía su padre, es lo que en el fondo más libera

"Pierden y ganan significado las palabras y hasta a lo mejor se hacen otras, así que cómo no van a hacerse otras las personas"

Qué manera de mover las emociones; qué gran instrumentador de recuerdos e ilusiones perdidas; qué novela tan hermosa, nos entrega J.Á González Sainz, tal vez para nunca olvidar. Exagerada ternura he derretido en ella, destila: humildad, honestidad, sabiduría, y estremecimiento.

OJOS QUE NO VEN” toca un tema actual: el desplazamiento de una familia rural al medio urbano porque la vieja imprenta donde trabajó más de veinte años, Felipe Díaz Carrión, cerró; las nuevas tecnologías rebasaron lo inevitable…A insistencia de su esposa y un pequeño de nueve años, emigran a Guipúzcoa(población del país Vasco). El pueblo, la huerta, los amigos de media vida, son el recuerdo presente entre el nuevo trabajo en una fábrica de químicos, los problemas de adaptación, el desprecio de su esposa por los recuerdos rurales y un hijo que lo detesta. El nacimiento de un segundo descendiente, será el consuelo a su estéril caminar.

Con nombre propio cabalga el terrorismo. Los conflictos políticos y sociales se entrelazan a la descomposición y destrucción de la familia de Felipe Díaz Carrión. El choque de trenes emocionales entre esposa e hijo mayor contra el padre, resulta caótico:

-Qué me vas ayudar tú, si eres un paleto de mierda.

La narrativa de González Sainz nos plantea un mundo y de las maneras enfrentadas de estar en él, sobre los caminos que recorremos, los lugares que habitamos, para perderlos por decisiones equivocadas y al final, ¡enhorabuena! echar reversa: Era el primer día que había vuelto a hacer lo que quizá nunca debió dejar de hacer, dijeron algunos; el primer día que, de nuevo, como imantado por la fuerza de una antigua preponderancia, había vuelto a saltar de la cama cuando aún estaba oscuro y se había preparado, ahora ya él sólo y para él solo, su café negro, muy largo, con sus rebanadas de pan con miel, y el primer día que, con las primeras luces, como tantas otras veces tiempo atrás, se había vuelto a echar al hombro su chaqueta más raída y el viejo morral de hacía veinte años camino del silencio del río y el trabajo de la huerta.

Aquel camino transitado por años, no era una actitud rendida, significaba todo para Díaz Carrión: su perfume, su alfombra, su carácter, y su temple en la vida. En la ciudad, se repetía: me he convertido en un hombre de cuneta, un hombre de arcén, que es ya lo que eres; tu camino ya no es un camino sino una cuneta, un margen, una orilla que tampoco es ya la de los ríos sino la de este arcén de carretera

Bien, lo expresó Alejandro Gándara "la novela de González Sainz está hecha sin rabia, sólo con dolor” y un dolor sin pulir...

Libro: Ojos que no ven

Autor: J.Á. González Sainz

Editorial: Anagrama

6 comentarios:

Jurema dijo...

Siempre das en el blanco!

Me quedo esto y reflexiono!
"Pierden y ganan significado las palabras y hasta a lo mejor se hacen otras, así que cómo no van a hacerse otras las personas"

Hoy te invito a leer mi primer poema.

Te escribiré a tu e-mail.
Un abrazazo

Ligia dijo...

No he leído el libro, pero me quedo con tu excelente comentario. Abrazos

virgi dijo...

Me llevas a desconsolarme con tus lecturas. Tengo un par de ellas y no las avanzo por estar en exceso ocupada...¡y el blog, pa' qué engañarnos!
Tu entrada me trae a la memoria algún caso similar, esas personas que no lograron nunca adaptarse a la ciudad, añorando la tierra, la hierbas, las plantas, el amanecer frente a la huerta.
Un abrazo, querida Monique.

Esilleviana dijo...

"¿Qué le sucede a este hombre ―Felipe Díaz Carrión― cuando llegan a Guipúzcoa, y se tiene que poner a trabajar en una fábrica, y llega otro hijo, y viven en un piso en un bloque del extrarradio igual a otros, y su hijo mayor le mira cada vez más esquinado, cada vez más alejado de él y refugiado en sus nuevas compañías, y su mujer también parece integrarse en ese nuevo mundo, y a él sólo le queda el consuelo del hijo menor, que se ha aficionado a las plantas y le hace recordar su huerta que, para él, sigue siendo la mejor metáfora del paraíso arrebatado?".

Es una reseña que invita a buscar el libro y leerlo. Gracias por hacerme buscar información sobre tus apartaciones y opiniones, siempre son interesantes.

Un abrazo amiga.
:))

Ricardo Tribin dijo...

Gracias por tu compartir acerca de este libro.

Te dejo un fraternal abrazo.

Juan Hache dijo...

Interesante tema, sobre todo porque sin importar la época las migraciones hacia las grandes urbes para algunos resultan ser inevitables, compensar lo social y lo emocional sin lugar a dudas lo debe expresar en su novela. Interesante reseña, me quedo con el cierre que en lo personal me parece muy bueno: "la novela de González Sainz está hecha sin rabia, sólo con dolor” y un dolor sin pulir...