domingo, abril 29, 2012

EL LIBRO NO MORIRÁ...

                      Fotografía: André Kertész



"Cuanto más se satisfagan con el tiempo ciertas necesidades populares de entretenimiento y enseñanza a través de otros inventos, más recuperará el libro su dignidad y autoridad": Hermann Hesse

Descrito con sutileza, maestría, talento, sabiduría, estima, y principalmente, amor por los libros. Una conversación fecunda y esperanzadora,  para quienes los libros son parte de su hábitat. El italiano Umberto Eco, escritor, filósofo, catedrático, ensayista, semiólogo; entabla un diálogo con el francés Jean-Claude Carrière, historiador, escritor, guionista de cine, y colaborador de Buñuel, moderado por Jean Philippe de Tonnac, el eje central: Los libros. Ilustrado por André Kertész, once fotografías adornan sus páginas.
“El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”, dice, Umberto Eco. A lo que responde Jean: "El cine y la radio, así como la televisión, no le han quitado nada al libro, nada que no pudiera perder "sin daños".
En su intenso recorrido nos llevan a sus gustos literarios, libros preferidos, anécdotas, sueños, los libros que quisieran leer, los incunables, sus principales enemigos, las nuevas tecnologías, entre otros...
Lo cierto, aunque el libro electrónico, el e-book, se imponga al libro impreso, no podrá echarlo de nuestras casas y de nuestras costumbre por ninguna razón.
La necesidad de guardar la información  en cd-rom, discos, usb, nos obliga a depender de la electricidad para acceder  a ellos, en cambio un libro lo podemos leer a la luz del día, de La Luna, de una vela; no hay más efímero que los soportes duraderos.
Empedernidos lectores y bibliófilos, sus bibliotecas resguardan más de 50,000 libros, ¡qué tesoro! Predominan documentos antiguos y libros contemporáneos.
¿Qué libro intentaríamos salvar en caso de desgracia ¿cuál intentaría proteger? Para Eco "Peregrinatio in Terram Sanctam" de Bernhard  Von Breydenbach, para Claude, un manuscrito de Alfred Jarry, uno de André Breton, y un libro de Lewis Carrol. Para Monique, "Ulises" de Joyce, "La montaña mágica" de Maan, sin olvidar los libros de su adorado Camus. !Ah! "Memorias de Adriano" de Yourcenar. 
Entre los tesoros literarios del francés, destacan un libro del escritor surrealista René Crevel, dedicada a Jacques Rigaut. Eco, no se queda atrás: Tengo un viejo Paracelso donde cada página se parece a un encaje; las intervenciones del lector parecen bordadas en el texto impreso. Me digo siempre: de acuerdo, no hay que subrayar o escribir en los márgenes de un libro antiguo o de valor, pero pensemos en lo que sería un libro antiguo con notas de Joyce...¡Entonces mis precauciones desaparecen!
Uno de mis sueños cumplidos,  fue conocer la biblioteca de Tombuctú, apunta el semiólogo, repleta de libros incunables.  Se denominan "incunables" todos los libros impresos a partir de la invención de la imprenta hasta la noche del 31 de diciembre de 1500. Después de 1501, los anticuarios lo llaman libro "postincunable".
Ser bibliófilo como Eco y  Jean-Claude, implica tiempo, dinero, esfuerzo, paciencia, afecto por los libros. Para comprar un libro que se ama, a veces es necesario dejar pasar diez años.
¿Dónde quedan los editores, de las grandes obras? Umberto, recrimina: han demostrado que a veces pueden ser los suficientemente estúpidos para rechazar obras maestras, por ejemplo a Flaubert, a propósito de "Madame Bovary", se le dijo: Señor, ha sumergido su novela en una enorme cantidad de detalles, bien trazados es verdad, pero completamente superfluos". A Emily Dickinson: "Sus rimas son completamente falsas"
Un diálogo enriquecedor, interminable, que cierro con una bonita anécdota de Jean-Claude Carriére: "A menudo dejo libros leídos en algún café, en la silla de un cine, en el metro, para que haga feliz a quien lo encuentre" Lo imitaré...

Libro: Nadie acabará con los libros
Autor:  Umberto Eco y Jean-Claude Carrière 
Editorial: Lumen

11 comentarios:

pelado1961 dijo...

Considero a los libros irremplazables. Ni las tablets ni sus equivalentes lograrán hacer remedo del placer de ver una biblioteca repleta de buenos libros donde cada ejemplar tiene su propia historia.

Esa es mi posición (pero sé que es minoritaria).

Va un beso para tí.

eMiLiA dijo...

Leí algunas partes de ese libro. Me parece maravilloso y - ya desde el título - esperanzador.

Gracias por visitarme.

Abrazo!

Alí Reyes H. dijo...

Admito mi ignorancia en cuanto a algunos escritores que nombras en tu entrada, no obstante creo que tienes razón en cuanto a tus argumentos, de hecho, en tigrero tengo una entrada llamada ¿Estamos ante la muerte del libro? la puedes encontrar en la sección de literatura, si puedes revísala.
En otro orden ¿qué te había pasado que tenías tiempo sin escribir?

virgi dijo...

Los libros, leales compañeros. Eternos.
Aún no uso los kindles, ni sé si lo haré. El placer de las hojas y de ver sus lomos en las estanterías, es difícil de suplantar.
Tiempo ha que quisiera ir a Tombuctú, aunque sólo fuera por pasear por sus calles y tocar el barro de las casas.
Querida Monique, cargo en mis preferencias con Proust, C. McCarthy, Mishima, Neruda, T. Bernardht...y también Yourcenar.
Un abrazo, te escribo.

LU dijo...

Yo no creo que el enemigo sea el ebook, todo lo contrario, puede que sea un facilitador para muchas personas. De hecho acabo de comprarme uno, y eso no quiere decir que vaya a dejar de lado al libro en papel. Es otro soporte, con sus ventajas.

Qué difícil elegir los libros que salvaría: Rayuela de Cortázar, Crimen y castigo de Dostoievski, Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, En el camino de Jack Kerouac, poemas de Mario Benedetti... Y ese libro que todavía no he descubierto que me fascinará por completo…

Besos entre libros

J.M. Ojeda dijo...

¡Hola!
Sin duda el libro siempre sera el libro.

Saludos de J.M. Ojeda.

persona dijo...

El olor del libro y su textura -así como su flexibilidad- son irremplazables. se trata de aspectos que permiten que el lector se comprometa absolutamente con la lectura.las historias de sus dueños no me conquistan tanto.. pero sí la historia de los propios libros o su carácter histórico tal vez (que rebuscado), la idea de que son perecederos y que hay que cuidarlos por lo que contienen oculto (hablo de los buenos libros) y las veces que uno los presta pretendiendo compartir algo así como un secreto o un descubrimiento. Y ahh, las veces que el otro nos lo devuelve! jajaja
Kertesz, ser amoroso tanto como Carrière. grcias por compartir

manolo dijo...

He leido mucho.
Por mi profesión y estar en hoteles la mayor parte de mis noches y antes que pusieran TV en las habitaciones, disfrutaba relajandome, después de un dia duro de trabajo, LEYENDO.
Luego cambié por la TV, pero fué por poco tiempo, pues volví a mis libros, ya que cuando te venía bien, ponías tu señal en la página y a dormir.

No he dejado libros en sitios claves, para así fomentar la lectura, pero si doné un lote de trescientos setenta novelas de la colecci´´on Reno y otros parecidos a una asociiación y la verdad no fué m,uy altruista, pues lo hice, porque no cabían en casa.

Me quedé con una cantidad superior.

Saludos, manolo
marinosinbarco.blogspot.com

Sergio DS dijo...

Ojalá no se equivoque Hermann Hesse. Siempre me han llamado la atención las casas sin libros, que no son pocas; ahora casi es una rareza.

Repito, ojalá no se equivoque.

Ricardo Tribin dijo...

Gran animo nos das a quienes escribimos. Esta parte es inmensamente estimulante "El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras".

Un abrazo, querida Monique, pleno de aprecio!!!

Juan Hache dijo...

Me has inspirado a conseguirlo y comprarlo, siempre he querido leer cuando dos autores comparten diálogos sobre temas actuales, reseña por demás interesante.

Saludos