viernes, enero 04, 2013

HAY SERES QUE JUSTIFICAN EL MUNDO, QUE AYUDAN A VIVIR CON SU SOLA PRESENCIA: Camus


Este post lo publiqué en 2008, lo reproduzco hoy; es el último libro del escritor Albert Camus. Murió el 4 de enero de 1960.   Lo dedicó a su madre analfabeta, Catherine.

        "A ti que nunca podrás leer este libro"


Era una noche otoñal de 1913. Un aire de ausencia y dulce distracción bañaba el rostro sudoroso de Catherine, a punto de parir a Jacques en Argelia; un niño que diez meses después quedaba huérfano de padre(Henri Cormery)
Un salto de años en donde la sucesión misma de tiempo estalla, deja atrás al infante…
Un hombre de cuarenta años baja del tren en Saint Brieuc, Francia. Visitar la tumba de su padre muerto en la guerra(1914) Veintinueve años de edad tenía el hombre enterrado bajo esa lápida, era más joven que el hijo...
La ola de ternura y compasión que de golpe le colmó el corazón a Jacques Cormery no era el movimiento del ánimo que lleva al hijo a recordar al padre desaparecido, sino la piedad conmovida que un hombre formado siente ante el padre injustamente asesinado, algo había ahí que escapaba al orden natural y a la locura, el hijo era más viejo que el padre.

El PRIMER HOMBRE es el padre ausente...Porque él mismo creía estar vivo, se había hecho él solo, conocía sus fuerzas, su energía, frente a la vida y era dueño de sí. Pero en el extraño vértigo de ese momento, la estatua que todo hombre termina por erigir y endurecer al fuego de los años para vaciarse en ella y esperar el desmoramiento final, se derrumbaba. El viajero no era más que ese corazón angustiado, ávido de vivir, en rebeldía contra el orden mortal del mundo, que lo había acompañado durante cuarenta años. Estamos ante el VERDADERO PRIMER HOMBRE; el hijo.
"Hay en mí un vacío atroz, una indiferencia que me hace daño....he intentado descubrir yo mismo, desde el comienzo, de pequeño, lo que estaba bien y lo que estaba mal, ya que nadie a mi alrededor podía decírmelo. Y ahora reconozco que todo me abandona, que necesito que alguien me señale el camino y me repruebe y me elogie, no en virtud de su poder, sino de su autoridad, necesito a mi padre. Yo creía saberlo, ser dueño de mí, todavía no lo sé"
Fragmento del último libro de Albert Camus: EL PRIMER HOMBRE. De una nostalgia a prueba de lágrimas. El argelino-francés; director de conciencias, rebelde ideológico, nos lleva a sus intimidades más verdadera: la desolación, el cuestionamiento, la ausencia involuntaria del padre, enfrentamiento del yo, la infancia desgarradora...Una joya autobiográfica del extranjero más existancialista...
Originario de una familia analfabeta, un padre muerto y una madre desdichada que, a fuerza de estar privada de esperanza, había perdido todo resentimiento, una vida ignorante, obstinada, resignada a todos los sufrimientos, tanto los suyos como los de otros. En ese ambiente Jacques se construye así mismo, un hombre que nada posee y quiere el mundo entero. "Un hombre pobre, en fin. Pues la pobreza no se elige, pero puede conservarse"

"La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris, tienen, claro está la memoria del corazón, que es la más segura, dicen, pero el corazón se gasta con la pena y el trabajo, olvida más rápido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido sólo lo recuperan los ricos, para los pobres el tiempo sólo marca los vagos rastros del camino de la muerte y para poder soportar, no hay que recordar demasiado"
La novela baja al infierno y a las profundidades secretas del alma humana, lo indigno, lo sublime, lo espiritual, lo negativo.
En un perseguir, Jacques necesita saber quién había sido ese hombre desconocido que le parecía ahora más cercano que ningún otro ser en el mundo:"Hay seres que justifican el mundo, que ayudan a vivir con su sola presencia". Será el hilo conductor de la novela.

Se reconoce ante su querido profesor del Liceo:"Quiero o venero a pocas personas. Por todo lo demás me averguenzo de mi indiferencia. Pero en cuanto a las personas que quiero, nada, ni yo mismo, ni siquiera ellas, harán jamás que deje de quererlas, son cosas que he tardado en aprender; ahora lo sé"
La mirada de su madre; sorda y con dificultades en el habla, se había detenido en él con tal expresión que el niño retrocedió, vaciló y salió huyendo: "Me quiere, entonces me quiere" se iba diciendo en las escaleras, que había deseado con todas sus fuerzas que ella lo quisiera, y que siempre lo había dudado.

Cada palabra coloca de manifiesto la necesidad de sentirse hijo, amado. Jacques Cormery apela a esa infancia de la que nunca se había curado, a ese secreto de luz, de cálida pobreza que lo había ayudado a vivir y a vencerlo todo en la vida real, menos sin rebeldía su prematura muerte...

El Manuscrito del libro fue rescatado por su hija Catherine y publicado en 1994; treinta y cuatro años después de su muerte. Viajaba en su auto aquel fatídico día del absurdo accidente.