martes, mayo 15, 2012

El adiós a CARLOS FUENTES

                                                                             (1928-2012)

La región más transparente, Aura, La muerte de Artemio Cruz, La silla del águila, La voluntad y la fortuna, El espejo enterrado, Cervantes o la crítica de la lectura, El espejo enterrado, Cambio de piel, entre otras;  obra abundante y crítica,  nos llenó el alma de  una literatura desatada como quería Cervantes. Le quedó pendiente el Nobel de Literatura; él, lo hubiese enaltecido. Expresaré algo desatado: Lo merecía en lugar de Mario Vargas Llosa.

Carlos Fuentes nació en Panamá, de padres mexicanos; murió hoy en casa, entre nosotros, en su amado país azteca.

                                Cartón: Fisgón  

viernes, mayo 04, 2012

EL TIEMPO...


"El ser humano nunca se conforma, se dijo Mendel. Acaba de vivir un milagro y ya quiere ver el siguiente. ¡Aguarda, aguarda, Mendel Singer! Simplemente mira lo que ha sido de Menuchim, el tullido. Sus manos son finas. Sus ojos, inteligentes. Sus mejillas, suaves": JOSEPH ROTH


Del libro:  JOB un hombre sencillo
Autor: Joseph Roth
Editorial: Acantilado


Fotografía: Monique

domingo, abril 29, 2012

EL LIBRO NO MORIRÁ...

                      Fotografía: André Kertész



"Cuanto más se satisfagan con el tiempo ciertas necesidades populares de entretenimiento y enseñanza a través de otros inventos, más recuperará el libro su dignidad y autoridad": Hermann Hesse

Descrito con sutileza, maestría, talento, sabiduría, estima, y principalmente, amor por los libros. Una conversación fecunda y esperanzadora,  para quienes los libros son parte de su hábitat. El italiano Umberto Eco, escritor, filósofo, catedrático, ensayista, semiólogo; entabla un diálogo con el francés Jean-Claude Carrière, historiador, escritor, guionista de cine, y colaborador de Buñuel, moderado por Jean Philippe de Tonnac, el eje central: Los libros. Ilustrado por André Kertész, once fotografías adornan sus páginas.
“El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”, dice, Umberto Eco. A lo que responde Jean: "El cine y la radio, así como la televisión, no le han quitado nada al libro, nada que no pudiera perder "sin daños".
En su intenso recorrido nos llevan a sus gustos literarios, libros preferidos, anécdotas, sueños, los libros que quisieran leer, los incunables, sus principales enemigos, las nuevas tecnologías, entre otros...
Lo cierto, aunque el libro electrónico, el e-book, se imponga al libro impreso, no podrá echarlo de nuestras casas y de nuestras costumbre por ninguna razón.
La necesidad de guardar la información  en cd-rom, discos, usb, nos obliga a depender de la electricidad para acceder  a ellos, en cambio un libro lo podemos leer a la luz del día, de La Luna, de una vela; no hay más efímero que los soportes duraderos.
Empedernidos lectores y bibliófilos, sus bibliotecas resguardan más de 50,000 libros, ¡qué tesoro! Predominan documentos antiguos y libros contemporáneos.
¿Qué libro intentaríamos salvar en caso de desgracia ¿cuál intentaría proteger? Para Eco "Peregrinatio in Terram Sanctam" de Bernhard  Von Breydenbach, para Claude, un manuscrito de Alfred Jarry, uno de André Breton, y un libro de Lewis Carrol. Para Monique, "Ulises" de Joyce, "La montaña mágica" de Maan, sin olvidar los libros de su adorado Camus. !Ah! "Memorias de Adriano" de Yourcenar. 
Entre los tesoros literarios del francés, destacan un libro del escritor surrealista René Crevel, dedicada a Jacques Rigaut. Eco, no se queda atrás: Tengo un viejo Paracelso donde cada página se parece a un encaje; las intervenciones del lector parecen bordadas en el texto impreso. Me digo siempre: de acuerdo, no hay que subrayar o escribir en los márgenes de un libro antiguo o de valor, pero pensemos en lo que sería un libro antiguo con notas de Joyce...¡Entonces mis precauciones desaparecen!
Uno de mis sueños cumplidos,  fue conocer la biblioteca de Tombuctú, apunta el semiólogo, repleta de libros incunables.  Se denominan "incunables" todos los libros impresos a partir de la invención de la imprenta hasta la noche del 31 de diciembre de 1500. Después de 1501, los anticuarios lo llaman libro "postincunable".
Ser bibliófilo como Eco y  Jean-Claude, implica tiempo, dinero, esfuerzo, paciencia, afecto por los libros. Para comprar un libro que se ama, a veces es necesario dejar pasar diez años.
¿Dónde quedan los editores, de las grandes obras? Umberto, recrimina: han demostrado que a veces pueden ser los suficientemente estúpidos para rechazar obras maestras, por ejemplo a Flaubert, a propósito de "Madame Bovary", se le dijo: Señor, ha sumergido su novela en una enorme cantidad de detalles, bien trazados es verdad, pero completamente superfluos". A Emily Dickinson: "Sus rimas son completamente falsas"
Un diálogo enriquecedor, interminable, que cierro con una bonita anécdota de Jean-Claude Carriére: "A menudo dejo libros leídos en algún café, en la silla de un cine, en el metro, para que haga feliz a quien lo encuentre" Lo imitaré...

Libro: Nadie acabará con los libros
Autor:  Umberto Eco y Jean-Claude Carrière 
Editorial: Lumen

miércoles, abril 18, 2012

¿NOS DICEN ALGO LAS COSAS Y NO SÓLO NUESTRA NECESIDAD DE IMPLORAR QUE ALGO NOS HABLE?

Será que lo que permanece, se dijo, que lo que siempre es igual por muchos cambios que se puedan producir, como decía su padre o decían que decía su padre, es lo que en el fondo más libera

"Pierden y ganan significado las palabras y hasta a lo mejor se hacen otras, así que cómo no van a hacerse otras las personas"

Qué manera de mover las emociones; qué gran instrumentador de recuerdos e ilusiones perdidas; qué novela tan hermosa, nos entrega J.Á González Sainz, tal vez para nunca olvidar. Exagerada ternura he derretido en ella, destila: humildad, honestidad, sabiduría, y estremecimiento.

OJOS QUE NO VEN” toca un tema actual: el desplazamiento de una familia rural al medio urbano porque la vieja imprenta donde trabajó más de veinte años, Felipe Díaz Carrión, cerró; las nuevas tecnologías rebasaron lo inevitable…A insistencia de su esposa y un pequeño de nueve años, emigran a Guipúzcoa(población del país Vasco). El pueblo, la huerta, los amigos de media vida, son el recuerdo presente entre el nuevo trabajo en una fábrica de químicos, los problemas de adaptación, el desprecio de su esposa por los recuerdos rurales y un hijo que lo detesta. El nacimiento de un segundo descendiente, será el consuelo a su estéril caminar.

Con nombre propio cabalga el terrorismo. Los conflictos políticos y sociales se entrelazan a la descomposición y destrucción de la familia de Felipe Díaz Carrión. El choque de trenes emocionales entre esposa e hijo mayor contra el padre, resulta caótico:

-Qué me vas ayudar tú, si eres un paleto de mierda.

La narrativa de González Sainz nos plantea un mundo y de las maneras enfrentadas de estar en él, sobre los caminos que recorremos, los lugares que habitamos, para perderlos por decisiones equivocadas y al final, ¡enhorabuena! echar reversa: Era el primer día que había vuelto a hacer lo que quizá nunca debió dejar de hacer, dijeron algunos; el primer día que, de nuevo, como imantado por la fuerza de una antigua preponderancia, había vuelto a saltar de la cama cuando aún estaba oscuro y se había preparado, ahora ya él sólo y para él solo, su café negro, muy largo, con sus rebanadas de pan con miel, y el primer día que, con las primeras luces, como tantas otras veces tiempo atrás, se había vuelto a echar al hombro su chaqueta más raída y el viejo morral de hacía veinte años camino del silencio del río y el trabajo de la huerta.

Aquel camino transitado por años, no era una actitud rendida, significaba todo para Díaz Carrión: su perfume, su alfombra, su carácter, y su temple en la vida. En la ciudad, se repetía: me he convertido en un hombre de cuneta, un hombre de arcén, que es ya lo que eres; tu camino ya no es un camino sino una cuneta, un margen, una orilla que tampoco es ya la de los ríos sino la de este arcén de carretera

Bien, lo expresó Alejandro Gándara "la novela de González Sainz está hecha sin rabia, sólo con dolor” y un dolor sin pulir...

Libro: Ojos que no ven

Autor: J.Á. González Sainz

Editorial: Anagrama

lunes, abril 09, 2012

A TI ALFARERA...

“A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.

Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.

Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla”: Eduardo Galeano (Ventanas sobre la memoria)

Fotografía: Monique (Alfarera de San Miguel Aguasuelos, Ver, México)


domingo, marzo 11, 2012

"Éramos como espinas que se les clavaran en la piel": Oé

Me estreno en la literatura del japonés Kenzaburo Oé, únicamente he leído a Yukio Mishima y Haruki Murakami. “Arrancad las semillas, fusilad a los niñosnarra las peripecias de 15 adolescentes evacuados de un reformatorio tras la guerra y su largo peregrinar a una aldea situada en las montañas. En su caminar, los chicos son detestados por lo campesinos, que ofenden, maltratan y lastiman en cada pueblo transitado.

“La mejor actitud que pueden adoptar los seres de otro planeta cuando son apresados y mostrados a la curiosidad pública como bestias enjauladas, es convertirse en objetos inanimados como las piedras, las flores o los árboles; es decir, dejar que los observen”

Ante una epidemia donde mueren perros, pájaros, gatos, vacas y humanos; los campesinos temen contagiarse y abandonan la aldea, dejando a los chicos encerrados en ésta; apartados de la civilización y en completa indefensión, los jóvenes llenos de ira y de asombro, intentarán sobrevivir al caos.

No hay sensación más dura, irritante y ponzoñosamente fatigante que sentir en lo más íntimo de tu ser que estás encerrado y no tienes nada que hacer”. “Cobardes adultos del exterior que nos privaban de nuestra libertad”

Para el alcalde, adulto del -exterior- “La mala hierba se arranca antes de que crezca y eche a perder la cosecha. Somos campesinos y arrancamos la mala hierba en cuanto nace” o sea, exterminar a los niños.

El ritmo de la novela manifiesta una intensidad sublime al saberse abandonados los niños e intentar edificar su propia comunidad, contraria a la de los adultos, y estrechar lazos de solidaridad, para sacudir el miedo, el hambre, la enfermedad, el cansancio, la desdicha, el frío, y demostrar que en tiempos difíciles: la unión, el valor, la dignidad y el amor de niños, es el más verdadero: De pronto, las manos de la niña cogieron las mías, se llevó mis dedos a los labios y me lamió una y otra vez las heridas con su lengua pequeña y dura, hasta dejarlas cubiertas de una capa de pegajosa saliva. Como una inundación de agua hirviendo, el amor llenó de repente todo mi cuerpo y llegó hasta las yemas de mis dedos. Estaba solo en un mundo inmenso, y el amor acababa de nacer en mí”

Novela dura, de tiempos de muerte, como un huracán sin clemencia, arrasa todo, “Los niños no pueden hacer nada por los muertos” pone el dedo en la llaga del sufrimiento, sin embargo, el manejo de la naturaleza por Kenzaburo, abriga escenarios fascinantes, que mitiga por momentos el dolor de los chicos y del propio lector. La nieve, el sol, el bosque, son remansos magistralmente orquestados: “El amanecer era de una blancura y una pureza insólitas. La nieve, que brillaba intensamente, cubría la tierra y daba a los árboles el perfil redondeado del lomo de un gran animal. En mi vida había visto tanta. Los pájaros cantaban con furia”

La literatura de Kenzaburo es frondosa como una ceiba y estremecedora como un pájaro que echa a volar nuestros pies

Libro: Arrancad las semillas, fusilad a los niños

Autor: Kenzaburo Oé.

Editorial: Anagrama