martes, mayo 15, 2012
El adiós a CARLOS FUENTES
viernes, mayo 04, 2012
EL TIEMPO...
Del libro: JOB un hombre sencillo
Autor: Joseph Roth
Editorial: Acantilado
Fotografía: Monique
domingo, abril 29, 2012
EL LIBRO NO MORIRÁ...
miércoles, abril 18, 2012
¿NOS DICEN ALGO LAS COSAS Y NO SÓLO NUESTRA NECESIDAD DE IMPLORAR QUE ALGO NOS HABLE?
“Será que lo que permanece, se dijo, que lo que siempre es igual por muchos cambios que se puedan producir, como decía su padre o decían que decía su padre, es lo que en el fondo más libera”
"Pierden y ganan significado las palabras y hasta a lo mejor se hacen otras, así que cómo no van a hacerse otras las personas"
Qué manera de mover las emociones; qué gran instrumentador de recuerdos e ilusiones perdidas; qué novela tan hermosa, nos entrega J.Á González Sainz, tal vez para nunca olvidar. Exagerada ternura he derretido en ella, destila: humildad, honestidad, sabiduría, y estremecimiento.
“OJOS QUE NO VEN” toca un tema actual: el desplazamiento de una familia rural al medio urbano porque la vieja imprenta donde trabajó más de veinte años, Felipe Díaz Carrión, cerró; las nuevas tecnologías rebasaron lo inevitable…A insistencia de su esposa y un pequeño de nueve años, emigran a Guipúzcoa(población del país Vasco). El pueblo, la huerta, los amigos de media vida, son el recuerdo presente entre el nuevo trabajo en una fábrica de químicos, los problemas de adaptación, el desprecio de su esposa por los recuerdos rurales y un hijo que lo detesta. El nacimiento de un segundo descendiente, será el consuelo a su estéril caminar.
Con nombre propio cabalga el terrorismo. Los conflictos políticos y sociales se entrelazan a la descomposición y destrucción de la familia de Felipe Díaz Carrión. El choque de trenes emocionales entre esposa e hijo mayor contra el padre, resulta caótico:
-Qué me vas ayudar tú, si eres un paleto de mierda.
La narrativa de González Sainz nos plantea un mundo y de las maneras enfrentadas de estar en él, sobre los caminos que recorremos, los lugares que habitamos, para perderlos por decisiones equivocadas y al final, ¡enhorabuena! echar reversa: Era el primer día que había vuelto a hacer lo que quizá nunca debió dejar de hacer, dijeron algunos; el primer día que, de nuevo, como imantado por la fuerza de una antigua preponderancia, había vuelto a saltar de la cama cuando aún estaba oscuro y se había preparado, ahora ya él sólo y para él solo, su café negro, muy largo, con sus rebanadas de pan con miel, y el primer día que, con las primeras luces, como tantas otras veces tiempo atrás, se había vuelto a echar al hombro su chaqueta más raída y el viejo morral de hacía veinte años camino del silencio del río y el trabajo de la huerta.
Aquel camino transitado por años, no era una actitud rendida, significaba todo para Díaz Carrión: su perfume, su alfombra, su carácter, y su temple en la vida. En la ciudad, se repetía: me he convertido en un hombre de cuneta, un hombre de arcén, que es ya lo que eres; tu camino ya no es un camino sino una cuneta, un margen, una orilla que tampoco es ya la de los ríos sino la de este arcén de carretera”
Bien, lo expresó Alejandro Gándara "la novela de González Sainz está hecha sin rabia, sólo con dolor” y un dolor sin pulir...
Libro: Ojos que no ven
Autor: J.Á. González Sainz
Editorial: Anagrama
lunes, abril 09, 2012
A TI ALFARERA...
“A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.
Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.
Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla”: Eduardo Galeano (Ventanas sobre la memoria)
Fotografía: Monique (Alfarera de San Miguel Aguasuelos, Ver, México)
domingo, marzo 11, 2012
"Éramos como espinas que se les clavaran en la piel": Oé
Me estreno en la literatura del japonés Kenzaburo Oé, únicamente he leído a Yukio Mishima y Haruki Murakami. “Arrancad las semillas, fusilad a los niños” narra las peripecias de 15 adolescentes evacuados de un reformatorio tras la guerra y su largo peregrinar a una aldea situada en las montañas. En su caminar, los chicos son detestados por lo campesinos, que ofenden, maltratan y lastiman en cada pueblo transitado.
“La mejor actitud que pueden adoptar los seres de otro planeta cuando son apresados y mostrados a la curiosidad pública como bestias enjauladas, es convertirse en objetos inanimados como las piedras, las flores o los árboles; es decir, dejar que los observen”
Ante una epidemia donde mueren perros, pájaros, gatos, vacas y humanos; los campesinos temen contagiarse y abandonan la aldea, dejando a los chicos encerrados en ésta; apartados de la civilización y en completa indefensión, los jóvenes llenos de ira y de asombro, intentarán sobrevivir al caos.
“No hay sensación más dura, irritante y ponzoñosamente fatigante que sentir en lo más íntimo de tu ser que estás encerrado y no tienes nada que hacer”. “Cobardes adultos del exterior que nos privaban de nuestra libertad”
Para el alcalde, adulto del -exterior- “La mala hierba se arranca antes de que crezca y eche a perder la cosecha. Somos campesinos y arrancamos la mala hierba en cuanto nace” o sea, exterminar a los niños.
El ritmo de la novela manifiesta una intensidad sublime al saberse abandonados los niños e intentar edificar su propia comunidad, contraria a la de los adultos, y estrechar lazos de solidaridad, para sacudir el miedo, el hambre, la enfermedad, el cansancio, la desdicha, el frío, y demostrar que en tiempos difíciles: la unión, el valor, la dignidad y el amor de niños, es el más verdadero: “De pronto, las manos de la niña cogieron las mías, se llevó mis dedos a los labios y me lamió una y otra vez las heridas con su lengua pequeña y dura, hasta dejarlas cubiertas de una capa de pegajosa saliva. Como una inundación de agua hirviendo, el amor llenó de repente todo mi cuerpo y llegó hasta las yemas de mis dedos. Estaba solo en un mundo inmenso, y el amor acababa de nacer en mí”
Novela dura, de tiempos de muerte, como un huracán sin clemencia, arrasa todo, “Los niños no pueden hacer nada por los muertos” pone el dedo en la llaga del sufrimiento, sin embargo, el manejo de la naturaleza por Kenzaburo, abriga escenarios fascinantes, que mitiga por momentos el dolor de los chicos y del propio lector. La nieve, el sol, el bosque, son remansos magistralmente orquestados: “El amanecer era de una blancura y una pureza insólitas. La nieve, que brillaba intensamente, cubría la tierra y daba a los árboles el perfil redondeado del lomo de un gran animal. En mi vida había visto tanta. Los pájaros cantaban con furia”
Libro: Arrancad las semillas, fusilad a los niños
Autor: Kenzaburo Oé.
Editorial: Anagrama





