domingo, marzo 11, 2012

"Éramos como espinas que se les clavaran en la piel": Oé

Me estreno en la literatura del japonés Kenzaburo Oé, únicamente he leído a Yukio Mishima y Haruki Murakami. “Arrancad las semillas, fusilad a los niñosnarra las peripecias de 15 adolescentes evacuados de un reformatorio tras la guerra y su largo peregrinar a una aldea situada en las montañas. En su caminar, los chicos son detestados por lo campesinos, que ofenden, maltratan y lastiman en cada pueblo transitado.

“La mejor actitud que pueden adoptar los seres de otro planeta cuando son apresados y mostrados a la curiosidad pública como bestias enjauladas, es convertirse en objetos inanimados como las piedras, las flores o los árboles; es decir, dejar que los observen”

Ante una epidemia donde mueren perros, pájaros, gatos, vacas y humanos; los campesinos temen contagiarse y abandonan la aldea, dejando a los chicos encerrados en ésta; apartados de la civilización y en completa indefensión, los jóvenes llenos de ira y de asombro, intentarán sobrevivir al caos.

No hay sensación más dura, irritante y ponzoñosamente fatigante que sentir en lo más íntimo de tu ser que estás encerrado y no tienes nada que hacer”. “Cobardes adultos del exterior que nos privaban de nuestra libertad”

Para el alcalde, adulto del -exterior- “La mala hierba se arranca antes de que crezca y eche a perder la cosecha. Somos campesinos y arrancamos la mala hierba en cuanto nace” o sea, exterminar a los niños.

El ritmo de la novela manifiesta una intensidad sublime al saberse abandonados los niños e intentar edificar su propia comunidad, contraria a la de los adultos, y estrechar lazos de solidaridad, para sacudir el miedo, el hambre, la enfermedad, el cansancio, la desdicha, el frío, y demostrar que en tiempos difíciles: la unión, el valor, la dignidad y el amor de niños, es el más verdadero: De pronto, las manos de la niña cogieron las mías, se llevó mis dedos a los labios y me lamió una y otra vez las heridas con su lengua pequeña y dura, hasta dejarlas cubiertas de una capa de pegajosa saliva. Como una inundación de agua hirviendo, el amor llenó de repente todo mi cuerpo y llegó hasta las yemas de mis dedos. Estaba solo en un mundo inmenso, y el amor acababa de nacer en mí”

Novela dura, de tiempos de muerte, como un huracán sin clemencia, arrasa todo, “Los niños no pueden hacer nada por los muertos” pone el dedo en la llaga del sufrimiento, sin embargo, el manejo de la naturaleza por Kenzaburo, abriga escenarios fascinantes, que mitiga por momentos el dolor de los chicos y del propio lector. La nieve, el sol, el bosque, son remansos magistralmente orquestados: “El amanecer era de una blancura y una pureza insólitas. La nieve, que brillaba intensamente, cubría la tierra y daba a los árboles el perfil redondeado del lomo de un gran animal. En mi vida había visto tanta. Los pájaros cantaban con furia”

La literatura de Kenzaburo es frondosa como una ceiba y estremecedora como un pájaro que echa a volar nuestros pies

Libro: Arrancad las semillas, fusilad a los niños

Autor: Kenzaburo Oé.

Editorial: Anagrama


10 comentarios:

Juan Hache dijo...

Intensa la historia que comentas, me recordó la trama de la película La Tumba de las Luciérnagas dirigida por Isao Takahata y que acabo de ver una nueva edición de la misma. Amplia recomendación sin duda la que haces para leer a Kenzaburo Oé.

Saludos

pelado1961 dijo...

Kenzaburo nació en una aldea y pasó allí la guerra siendo apenas un niño.
Si alguien podía tejer una historia de esta clase, era él.

Muy recomendable.
Gracias por compartirlo.

Esilleviana dijo...

Gracias. Nos/me mueves a que busque más información sobre este libro y todos los que reseñas.

El alcalde del pueblo, exclama:
"¡No queréis confesar! ¿Os creéis que somos angelitos? ¡Podemos retorceros con una mano esos flacos gaznates, o mataros a palos!". Y el protagonista/narrador añade: "No me voy a callar. Voy a contar todo lo que nos han hecho y todo lo que hemos visto. […] Voy a contar todo eso. ¿Por qué tendría que callarme?".

Debe ser una novela muy dura.

me gustó :)

un fuerte abrazo

virgi dijo...

Querida Monique, es terrible lo que cuentas (también como lo haces). Creo haberte dicho que de él leí La presa, también tiene que ver con la guerra y unos niños que observan al único prisionero americano que hay en el pueblo, un negro.

Mishima me gusta mucho, en una época leí varios suyos, uno detrás de otro.
Ahora me apunto éste, seguro me gustará.
Un abrazo grande, querida amiga.

Jurema dijo...

Queridísima!

Es que el título pone el vello de punta.

Si me llega lo leo.

Mis mejores abrazos a la amiga...Muacss

Carmela dijo...

Intensidad y dureza ."Estremecedora como un pájaro que cha a volar nuestros pies...."
Buena reseña.
Tengo que leer a Kenzaburo Oé.

“La mala hierba se arranca antes de que crezca y eche a perder la cosecha. Somos campesinos y arrancamos la mala hierba en cuanto nace” o sea, exterminar a los niños."
Descubro que las palabras del " alcalde "( adulto) son reiteradas y recurrentes en otros " exterminios".
El plan :Aniquilar la "semilla"
Para que no prospere y se propague.
Hondo.Inconcebible .Y cruel.
Un abrazo,amiga.

Carmela dijo...

Por asociación de ideas tropecé con un texto de Galeano que describe una metodología análoga:

"Plan de exterminio: arrasar la hierba, arrancar de raíz hasta la última plantita todavía viva, regar la tierra con sal .
Después ... matar la memoria de la hierba.Para colonizar las conciencias , suprimirlas.Vaciarlas de pasado."
de :"Días y noches de amor y de guerra " -Eduardo Galeano -

Arrasar la hierba ( los niños...) y regar la tierra con sal.
Gran abrazo gran!

Carmela dijo...

Está visto que tus escritos siempre me hacen reflexionar,relacionar ,analizar, interpretar, descubrir, humanizarme, emocionarme ....¡pensar!!!!
Te quiero Monique!

J.M. Ojeda dijo...

¡Hola!
Ultimamente todo es duro, muy duro...

Saludos de J.M. Ojeda.

Camino a Gaia dijo...

Cuando el ser humano se acostumbra al crimen acabamos gobernados por sicópatas.
Un saludo