viernes, marzo 09, 2007

BEBER UN CÁLIZ


Fotografía: Awadh Al

Era una tarde cargada de vientos que rugían azontando las ramas del pirul. Yo era, de seis años.
Estabamos en la casa solos, él y yo. Era un hombre colosal que oscurecía cuanto tocaba. Sus pasos cuando llegaba del trabajo , a mediodía, eran como avanzar de penumbras. Desde ese momento yo era su prisionero, mis horas se arrastraban ácidas y ahogadas hasta la mañana siguiente, cuando cerraba tras de sí el zagúan.

Permanezco inmóvil, maniatado, tratando de explicarme por qué ya no es yo y es más el mismo y es menos lo que él era y no era yo y otras muchas tonterías.

Ahora lo miro por primera vez, esto sí es cierto, y ya no es lo que era. Porque éste que miro ahora echado, silencioso, ya ni siquiera es el hombre que antier agitó los brazos y aulló buscando mis ojos, mi presencia saludable e inútil; es un cuerpo todo huesos, toda arruga, unos pantalones inmensos, dentro de los cuales nadan los fémures, un rostro largo, amarillo, una nariz que no acaba nunca y unos ojos hondos, azorados, abiertos a no sé que espantosa realidad.

Lo sostenía, palpaba sus cabellos, su piel exhausta; vi sus ojos, que se abrían sin ver, y tenté sus manos; lo besé en la cara: nunca lo había hecho. Era nada. Un anciano abrumado de cansancio, acosado por la muerte, en mis brazos. Este era el padre terrible que siempre recordé con temor o con odio o con servilismo.

Fotografía: Roberto Patricio

Su cuerpo no es ya de una sola palabra; para señalarlo hay que enumerar sus partes: cada una ha cobrado importancia y ferocidad exclusivas; es cada uno de sus huesos y lo que queda de sus músculos; es cada uno de sus dedos y el temblorcillo repentino de cada uno de sus dedos, la quietud horrorosa de sus pómulos, la de su nuca, los pliegues de la almohada, el sudor espesado en la almohada y el cuenco que su cabeza ha cavado en la almohada; este olor pardo y quieto y la mezcla de olores dulzones de la pieza, el olor agrio de sus cabellos, el olor que viene de la cocina, grasoso, el que despide el miedo y un negro olor insoportable que por momentos aparece. Su cuerpo y él.

¿Cuáles han sido sus virtudes y cuáles sus pecados? Me paso esperando que pase el día, la noche. Le duelen las arterias, los dedos de los pies, el estómago, las manos, la espalda, las nalgas, las caderas el cuello. Está con los ojos abiertos, inmóvil, a las diez de la mañana. Uno se va, lo olvida, se mete en el día, regresa a las tres de la tarde: él está con los ojos abiertos. Su cuerpo ya no es su cuerpo; él ya no es él; esta estatua mísera, violácea, doblada sobre sí, dormida, sostenida en el aire, no es él ni siquiera su cuerpo.

Fotografía:S. Pessolano

-Dame tu bendición.
Me había arrodillado. Humillaba la cabeza. “Papá, papacito”
-Dame tu bendición.
Ya no hay fuerza, ahora, ya no hay fuerza ni para soplar la sugestión de una palabra, ni siquiera la de un monosílabo.

-¿Sufres? Me sentí ladrón, me comía el remordimiento anticipado y la impaciencia. La pregunta era tonta, me avergonzaba, lo lastimaba. Físicamente se sufre, ¿pero el espíritu? ¿No estamos ya hartos de verlo agonizar?

¿Qué indecisión es ésta? A veces más que pena, parece que busco cuanto pueda demostrame, más tarde, que no quise su muerte, que no la esperé; cuanto pueda asegurarme que la neurosis no me asaltará por ese lado. Es mi padre. Y no sé por qué siento que al fin existe por sí mismo. El hombre fiero existe fuera de mí, ocupa un espacio doloroso frente a mí y es más el mismo cada día.

Desear la muerte y no desearla, temerla y no temerla, verla venir, con miedo, y verla. Con desencanto, con íntimo, inconfesable, aguijoneante, secreto sentimiento de fraude. Parece ser que la tristeza ha venido acomodándose, haciéndose aquí una casa a la medida. Parece ser que ha venido escombrando este cuerpo y este espíritu hasta dejarlos desnudos de lo que no sea ella, para ocuparlos con anegación.

Cobijado de una prosa, dura, dolorosa, ahogante, recia; no excenta de belleza literaria, Ricardo Garibay, nos hunde en nuestras miserias humanas, nos pone enfrente de lo que hemos vivido, lo que hemos ignorado o lo que va a suceder. Los vínculos eternos de un padre y un hijo; sus encuentros y desencuentros; la vigilia de la agonía; el sentimiento religioso; el ruega por él, del espíritu que flota sobre el haz de las palabras. Desde la niñez a su crecimiento adulto, a sus odios, a sus heridas palpitantes, Garibay no deja respiro al descanso, nos sacude, nos tambalea y nos reduce en cada página como personas.

El escritor padeció la ensombrecida caligrafía del dolor y bebió su propio cáliz al morir su padre, sentimiento que inspiró la obra presente: “en la pena no pasa el tiempo ni tampoco en la sintaxis que la guarda. Sí advertí que ya no me acuso de tanto como me acusaba, solamente lloro agradecido”. Garibay habría de tragar sus propias palabras, su cáliz final en 1999.

Libro: Beber un cáliz
Autor: Ricardo Garibay
Edit. Joaquín Mortiz


14 comentarios:

Ave Fénix™ dijo...

Un escrito que me atrapo desde la primera línea, como fué describiendo todo que hasta me sentí dentro de la historia, cosa que me pasa muy esporadicamente, me gusto mucho Monique... gustazo venir a saludarte temprano, pero saludanote... un abrazoT niña :)

GOZO INTERNACIONAL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Petrusdom dijo...

No lo conocía, quizás porque a España únicamente nos llega lo que quieren alguno de los grupos mediáticos. Gracias por tu pequeña/gran aportación para rellenar mi ignorancia.

Torcasita dijo...

Hermosas y cautivantes líneas que desconocía, en realidad hay muchas cosas que no conozco y que son bellas.
cariños.

Conceição Bernardino dijo...

Avancemos com o amor

avancemos com o amor
porque a partir de hoje
esquecemos tudo o que
nos soa a duvidoso
valor estendemos nas
mãos o tecido das nossas
trocas amor vem comigo
retomar o caminho em
que nos soltámos um dia
em passeios pela
alma

Poema da autora “Marita Ferreira” do livro “Múltiplos de ti”

Vale apena reflectir neste poema está cheio de verdade
Beijinhos
ConceiçãoB
http://amanhecer-palavrasousadas.blogspot.com

MORGANA dijo...

Cuánta intensidad¡¡¡¡¡¡¡
besos amiga.
bellisimo post.

Gilberto dijo...

El triste adiós a los que eran nuestros gigantes.
Gracias Monique, Abrazotes que estés bien.

boris dijo...

monique, que fuerza para describir que los años dan sabiduria que muchas veces no se renoce
saludos
pd: el resto de los dias se lucha, promociona los ddhh

Seoman dijo...

Preciosas lineas del amor paterno / filial y que bien recogidas en un texto este sentimiento
Me ha enternecido
Gracias
Saludos desde O Recuncho
PD. Enlazada estas en mi blog

Antona dijo...

Me he quedado sin respiracion,creia estar viendole tocandole.Impresionante,me has recordado hacia donde nos dirigimos todos..
que pases buena semana
bss

gonzalo dijo...

conmovedor.

mi despertar dijo...

hermoso tu escrito

recomenzar.blogspot.com

Bruno dijo...

Simplemente conmovedor, me llovieron los ojos.

Gracias, querida amiga, por el post, de los que se agradecen en la plenitud del alma.

Saluti dal Venezuela,

Bruno

Lety dijo...

Me he quedado quieta, como sin vida, al terminar la lectura, no recuperé mis dedos sino hasta pasado un momento.

Gracias por compartir este que para mí es un descubrimiento, leí sin respirar hasta la última palabra