
En lo nocturno soy la voz.
Un faro cruzando la noche oscura.
El beso en el agua.
La caricia sujeta a la piel.
Hay relámpagos que no te conocen y aun así te aman.
La tormenta pasa entre los cerros.
Hay nieve prendida a las palabras.
Lluvia que enmudece.
Oigo los caballos
en su trote de penumbra.
Respirar me pide tu boca
pero tu lengua arde en la mía.
Un ebrio desnudo nos acoge.
Navego sin sentido.
Te busco en los instantes,
en el sabor y en el aroma,
como si fueras el dulce azúcar
que mantiene la luz de la vida
Eres la tierra,
el lugar perfecto donde demorarse.
El pan abierto y caliente entre las manos.
Un río sin descanso.
Cruje el viento su dolor.
Mis hormigas han sabido de ti.
Te deben el placer recóndito y humilde.
Tú sujetas la vela y es blanco el resplandor de la luna.
Nadie nos reserva un segundo de silencio.
Tú y yo somos las sendas que levantarán nuestro día.
Hemos zarpado lejos y el viaje tendrá su sueño.
Fotografía: Ricardo María Garibay (Trazos de Luz)
Poesía: Fernando Sarría
